Opinión

Trump, 'kaput'

   
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Donald Trump. (Reuters)

1. Mañana será el tercer debate. Los pronósticos no pueden ser más sombríos para Trump. Llega debilitado y confrontado con tirios y troyanos. Está en el peor momento de su campaña y el tiempo corre en su contra, faltan apenas 20 días para el 8 de noviembre.

2. A la distancia, se puede afirmar que la derrota que le infringió Clinton en el primer debate fue el punto de inflexión. Rompió el empate y el impulso ascendente de la campaña republicana, que había iniciado con la visita a México el 31 de agosto.

3. Pero además, perdió también el segundo debate. Quienes afirman que ganó Trump se equivocan. Los debates no son peleas de box, que califican jueces, sino confrontaciones que se ganan en la percepción de la gente. El sondeo de CNN registró un 57 por ciento (contra 34 por ciento) a favor de Clinton, y You Gov contabilizó una ventaja menor (47 vs. 42 por ciento), pero también favorable a la candidata demócrata. En suma, no hubo nocaut, pero ganó HC.

4. Imposible saber si Clinton se contuvo deliberadamente, como sostienen algunos, para evitar que removieran al candidato, o simplemente tuvo un desempeño menos bueno que en el primer debate. Pero lo cierto es que después del segundo debate y del video confesión de Trump, la campaña del republicano ha entrado en un verdadero tobogán.

5. Las encuestas le otorgan una enorme ventaja a la candidata demócrata en las encuestas nacionales (6.4 por ciento promedio, según el sitio RealClearPolitics) y 256 votos vs. 170 de Trump en el colegio electoral. El repudio y deslinde de los republicanos tuvo su punto más fuerte en ese contexto: Paul Ryan decidió no hacer campaña a favor de Trump.

6. Es importante señalar que el distanciamiento de los republicanos admite una doble lectura: algunos de ellos se escandalizaron por las revelaciones del video y lanzaron un sonoro: ¡ya basta, que renuncie a la candidatura!, como hizo Condoleezza Rice; pero para otros, como Paul Ryan, se trata de una decisión pragmática: el barco se hunde y hay que salvar lo que se pueda, es decir, la presencia republicana en la Cámara de Representantes y el Senado.

7. En respuesta, Trump se ha radicalizado y declarado feliz de liberarse de los grilletes para enfrentar a sus enemigos. Y eso es, justamente, lo que hará mañana, en el tercer debate. Lo veremos, sin duda alguna, más agresivo y aguerrido, esgrimiendo la teoría de la conspiración de los medios y el establishment en su contra. El efecto de esa estrategia, sin embargo, es predecible: será aplaudido por su base dura, pero se alejará aún más de los independientes… y de la posibilidad de una victoria.

8. La respuesta de Clinton puede oscilar entre una estrategia ofensiva, como en el primer debate, o dejarlo mostrarse tal como es. Porque en cualquiera de los dos escenarios lleva las de ganar. Trump se asemeja cada vez más a un hombre atrapado en arenas movedizas que entre más se mueve y gesticula, más se hunde.

9. Por su parte, los aliados de Trump: Putin, Wilkileaks e ISIS se revelan cada vez más impotentes. Los correos hakeados y revelados recientemente no han tenido el efecto esperado. Menos aún, cuando el gobierno de Estados Unidos ha declarado oficialmente que Rusia está interviniendo en el proceso electoral y, en respuesta, prepara una ofensiva cibernética.

10. La revelación de los abusos de Trump lo ha golpeado particularmente con la intención de voto femenino, que –como ha mostrado Nate Silver– se ha cargado definitivamente a favor de Clinton. Pero más allá del impacto de género, el clivaje de la campaña se ha desplazado de los temas de los migrantes y el libre comercio, como planteaba la agenda del republicano, a la patente incapacidad de Trump para asumir responsablemente la presidencia y el cargo de comandante supremo.

11. A menos que suceda algo verdaderamente extraordinario, como la caída de un meteorito, que altere todas las coordenadas, Hillary Clinton llegará al 8 de noviembre con más de 80 por ciento de probabilidades de ganar la presidencia. Todo indica que Trump ha perdido, para fortuna del mundo, incluido Estados Unidos, la batalla.

12. El único riesgo que Clinton debe conjurar es que la certeza de la victoria no se traduzca en abstención de sus partidarios. Así que debe insistir en el peligro que representa Trump y que esto no se acaba, hasta que se acaba.

Twitter: @laloguerrero

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