Opinión

Trump, el problema que viene

  
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Donald Trump. (Reuters)

El escenario que implica la tendencia victoriosa de Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos nos va a deparar realidades desagradables para México, Estados Unidos y el mundo.

¿Qué va a pasar cuando el energúmeno que triunfó en los comicios de ayer no le pueda dar a los estadounidenses aquello que les prometió: el regreso a la bonanza?

En una sola pregunta: ¿para dónde va a disparar?

O menos dramático: ¿a quién le va a echar la culpa?

A México o a China. O a ambos.

Ganó el voto ignorante y nutrido de odio.

Aquí en México tendremos sobresaltos en la relación comercial, pero Trump es un hombre de negocios y tal vez aprenda pronto que siete millones de empleos en su país dependen de la compra y venta de mercancías con su vilipendiado vecino del sur.

El problema mayor va a ser para el mundo, cuando un hombre iracundo, imprevisible, impreparado y colérico no pueda cumplir con las expectativas de sus votantes.

¿Qué botón va a apretar cuando se vea asfixiado por sus promesas incumplidas?

Sí, vendrán muchas expulsiones de migrantes, pero eso no va a mejorar la economía de Estados Unidos ni le va a devolver el crecimiento en los empleos a la manera en que Trump lo prometió.

Durante la Gran Recesión de 2008-2009 en Estados Unidos se perdieron 8.5 millones de empleos, pero luego de 2010 se crearon 15 millones de fuentes de trabajo.

La reciente cifra oficial dada a conocer por el Departamento del Trabajo nos dice que Estados Unidos está, por primera vez en muchos años, en situación de pleno empleo: hay una tasa de desocupación de 4.9 por ciento.

Trump dijo que era cuento de “los de arriba” para crear un ambiente previo a la elección para favorecer a Hillary.

De acuerdo con las cifras oficiales dadas a conocer la semana pasada, los ingresos medios en Estados Unidos crecieron cinco por ciento en 2015, que es el más alto en los últimos 50 años.

Es decir, Estados Unidos no atraviesa por una situación agónica como la pintó Trump.

Pero lo importante está en otro lado: la mayoría de los estadounidenses sí se vio reflejada en ese discurso porque se siente en una situación de decadencia.

Esos americanos quieren vivir con el confort que vivían sus padres, pues se comparan con esa prosperidad.

Y lo anterior no va a ser posible.

Tendremos deportaciones y redadas de paisanos y centroamericanos.

Ese es el discurso de odio que Trump sí va a poder cumplir. Policías tienen para hacerlo.

Pero la promesa de la prosperidad a la manera en que la prometió el candidato triunfante, no va a ser asequible.

Alguien va a tener la culpa de ello. Y Trump buscará ese enemigo en el exterior para justificarse ante sus desencantados votantes. No habrá que vivir mucho para confirmarlo.

Twitter: @PabloHiriart

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