Opinión

Trump, el camaleón macho

 
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En septiembre de 2015, cuando casi nadie creía que Donald Trump pudiera llegar a ningún otro lado que el ridículo, escribí en una columna en el periódico Reforma titulada “Corrupción y descontento: Los analistas mexicanos creen que Trump basará su campaña complaciendo a los republicanos descontentos con la inmigración. Están equivocados.

“Su estrategia es clara, está tratando de unir a todos los norteamericanos descontentos, que como en todos los países son mayoría”. Y concluí: “Los temas que Trump incluirá en su campaña serán entre otros la inmigración, la corrupción, los bajos sueldos, la desigualdad creciente, más los temas que se acumulen”.

Trump, decía entonces, trataría de hablarle a todos los descontentos, fueran republicanos, demócratas o independientes.

Ha terminado ya la primera fase de su estrategia, que era ganar la primaria republicana. El siguiente paso es lo que mencionaba en 2015: convencer a algunos demócratas y, sobre todo, a los independientes.

¿Cómo hará esto si ha ofendido a medio mundo? Ofendió a las mujeres, a los hispanos, a los musulmanes, al sentido común. Ha ofendido a tantos, opinan algunos analistas, que no hay modo en que logre algún resultado favorable. Me temo que están equivocados otra vez.

Trump ya ha comenzado a reparar los daños. Por ejemplo, dio una entrevista a Megyn Kelly, una periodista de la cadena Fox,  a la que maltrato en un debate. Le preguntó: ¿Te arrepientes de algunas cosas que hayas dicho en la campaña? A lo que Trump contestó: “Absolutamente sí tengo arrepentimientos... podría haber usado diferente lenguaje”.

Y aunque para muchos mexicanos la palabra cultura no existe, para los estadounidenses sí. Cuando en Estados Unidos alguien se arrepiente y asume la culpa públicamente, parece haber una especie de perdón, de borrón y cuenta nueva. Como si le abrieran el camino para su redención.

¿Y qué podría hacer en cuanto a su relación con los hispanos, donde la sabiduría convencional sugiere que prácticamente no podrá convencerlos de que voten por él? Quisiera ensayar esta hipótesis: Primero, a Trump no le interesa ganar a todos los hispanos ni a la mayoría en todo el país, sino sólo a los hispanos de los estados donde ese voto podría inclinar la balanza para él, pues en Estados Unidos no se gana con mayoría de votos individuales sino que se obtiene la presidencia por mayoría de votos en el colegio electoral de cada estado. Trump podría convocar a los hispanos que están en su contra en estados clave, por ejemplo, Colorado, y edulcorar su discurso para conseguir apenas los votos necesarios que le aseguren la presidencia.

¿Un modo de hacerlo? Puede tener una convención con ellos, reconocer que no ha sido bueno con los hispanos pero convocarlos a pensar en sus posibilidades.

Podría reconocer el arduo y honesto trabajo que ellos hacen, algunos con hasta dos empleos, para mantener a sus familias y hasta podría insistir en que no desistirá de expulsar a los indocumentados, pero con ellos allí y con otros como ellos, nacidos o crecidos en Estados Unidos, con la situación legal clara, él, una vez presidente, haría todo para que ganasen mejores sueldos y que reconocieran la gran labor que ellos desempeñan por el país.

Trump elegirá a un compañero de fórmula para vicepresidente o que sepa navegar los turbulentos océanos de Washington, como por ejemplo Newt Gingrich, o alguien que le ayude a obtener un estado como Ohio o Pensilvania.

Trump es un camaleón y hará lo imposible por ganar.

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Twitter: @JaqueRogozinski

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