Opinión

Trump contra el mundo

 
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Donald Trump (Reuters)

Estados Unidos de América, el más duradero y grande proteccionista de la era moderna. Así lo cuenta magistralmente Ha-Joon Chang en su cada vez más actual Kicking Away the Ladder (Pateando la escalera).

No fue sino hasta después de la Segunda Guerra que sus dirigentes consideraron conveniente y beneficioso encabezar la construcción de un nuevo orden internacional, el que ahora en la era Trump empieza a echarse de menos.

Por conveniencia política y economía de lenguaje, se ha acostumbrado llamar a este orden 'liberal', con clara referencia a los proyectos y visiones promovidos protagónicamente por los propios Estados Unidos, ahora fervientes partidarios del libre comercio y la libérrima movilidad de los capitales que pronto configuraron una suerte de suborden mundial, poco o nada liberal, hegemonizado por las grandes y expansivas corporaciones transnacionales. Así empezó a conformarse el régimen comercial y financiero que encontraría su cumbre al desplomarse la URSS, redefinirse el mercado petrolero internacional y dirigirse el conglomerado de las potencias vencedoras de la Guerra Fría, dirigido por Estados Unidos, a la (re) construcción del orden de la posguerra para darle una auténtica e indiscutible dimensión global y planetaria.

La bipolaridad y sus equilibrios de destrucción mutua hacen mutis y entra en escena la globalización impetuosa de mercados y mentalidades con su poderosa divisa de erigir un mercado mundial unificado y una democracia representativa articulada por la defensa y promoción de los derechos humanos. Al final, ahora, se trató de un 'falso amanecer' como lo calificara el británico John Gray.

En aras de la libertad triunfante, Reagan y los suyos combatieron sin tregua el discurso del Nuevo Trato de Roosevelt y su concepción de las libertades, sus requisitos y restricciones. Se negaron las grandes lecciones de la Gran Depresión de los años treinta y su abominable secuela de desplome de las frágiles y horadadas democracias europeas, el ascenso de los fascismos y los totalitarismos y las terribles soluciones finales de Hitler y sus nazis.

El mundo empezó a vivir la 'revolución de los ricos', que estudia Carlos Tello, que consumaría el vuelco doctrinal hacia el neoliberalismo.

Nosotros entramos con enjundia al nuevo ciclo globalizador que con celeridad de vértigo buscaba consolidarse en un mercado planetario, sin fronteras, adiposidades ni adherencias emanadas de los derechos sociales inventados y ganados a lo largo de más de un siglo por los trabajadores y los políticos progresistas, liberales a la gringa y socialdemócratas a la europea.

El nuevo ciclo, el cambio de época del que han hablado la Cepal y su secretaria ejecutiva, Alicia Bárcena, está abierto y entenderlo -no se diga modularlo- está lejos de admitir reduccionismos. Todo tiene su historia y los 'retos históricos de hoy' de los que habla la Caintra de Nuevo León los creamos nosotros mismos. Redescubrirnos dependientes y vulnerables debería llevarnos a inventarnos un nuevo curso de desarrollo.

Cómo empezaremos los mexicanos a navegar a través de tan hostiles y veleidosas marejadas y corrientes de fondo, está por verse. Por lo pronto, hay que admitir que como norteamericanos plenos no.

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