Opinión

Trump ante la crisis

 
1
 

 

Donald Trump

Abundan los análisis que subrayan que la candidatura de Trump es anormal en la historia electoral de la presidencia estadounidense.

Quienes lo desaprueban por racista, xenófobo, misógino y hasta fascista, tienen razón; quienes lo ven como un enorme peligro de desestabilización económica para México, tienen razón.

También tienen razón quienes han señalado el mal humor del electorado estadounidense como una de las fuerzas impulsoras de Trump.

En ese malestar radican las mayores posibilidades del candidato de ocupar la Casa Blanca y hay que decirlo, son amplias.

En lo que hay controversias ideológicas y políticas es en torno a la crisis no resuelta de sobreacumulación de capital y sobrecapacidad de producción de una amplia diversidad de industrias.

Vamos por partes: el miedo y enojo de los consumidores estadounidenses tiene que ver con que nueve de cada diez empleados y trabajadores ganan hoy lo mismo que en 1974, según escribió Joseph Stiglitz, Nobel de Economía.

El éxito de Trump hasta ahora, ha sido haberle puesto palabras al descontento social que por absurdas que les parezcan a los economistas y políticos profesionales, tienen la contundencia del sentido común de los afectados por el neoliberalismo.

Es la forma y fondo del discurso que quieren oír las clases bajas, medias y los trabajadores menos calificados, convencidos como estaban, y ahora más, de que su padecimiento es consecuencia del comercio exterior y de las decisiones de los políticos “tradicionales”.

No se equivocó Trump al hacer de ese un tema nodal de su campaña; lo malo para países como México, es que de llegar a ser gobierno insistiría en forzar la alteración de los flujos comerciales en los que ve desventajas para EUA.

Estando en medio de una prolongadísima crisis, es atendible la visión de la economía como un ámbito de competencia comercial en la que alguien debe perder para que otro pueda ganar.

Ante una excesiva capacidad de producción en diversas ramas industriales en relación a la capacidad de los mercados para comprar, lo que producen los más eficientes, otros dejar de producirlo al ser sacados del mercado por la competencia.

El absurdo en la visión de Trump comienza cuando supone que Estados Unidos produciría más manufacturas y generaría más empleos si dejara de importarlas de países cuya ventaja son los bajos salarios, combinada con la tecnología de las grandes transnacionales que se han instalado en ellos.

México y China son su referencia icónica.

Para atraer de regreso a esas corporaciones, ya ofreció reducir la tasa máxima de impuestos que, sorprendentemente, es el mismo camino que siguió Obama, por supuesto sin éxito porque en los planes de inversión de las empresas, nada sustituye la capacidad estimada de compra de los consumidores.

La vía políticamente vedada en Estados Unidos, Europa, México y muchos otros países, es la más racional para resolver la crisis: el fortalecimiento de la protección social para atemperar la pobreza y las desigualdades a fin de ampliar mercados.

http://estadoysociedad.com

También te puede interesar:

Clinton y Trump

Entiéndanlo, EU es primero: Hillary y Donald

Contra la corrupción, reforma del Estado