Opinión

Trump, alborotando el avispero

 
1
 

 

Donald Trump

El 1 de febrero se celebrará la primera elección primaria en el estado de Iowa y Donald Trump, una vez más, genera escándalos: ¿es el senador Ted Cruz candidato “legal” o “ilegal” en la contienda por la presidencia de Estados Unidos? Como lo ha hecho en otras ocasiones, basándose en el descontento de diversos sectores de la población, Trump ahora enfoca sus baterías en su rival republicano más cercano.

La caja de Pandora que está abriendo irá más allá de la campaña presidencial de 2016. El alegato es el siguiente: Trump dice que Ted Cruz no es ciudadano nativo de origen por haber nacido en el extranjero.

Cruz nació en Canadá de madre norteamericana y padre cubano y defiende su derecho a la presidencia porque declara ser norteamericano de nacimiento, es decir, por jus sanguinis (el derecho consanguíneo). Trump, basándose en la doctrina del jus soli (derecho de tierra), alega que un candidato debe haber nacido en territorio estadounidense.

La posición de Cruz abre un escenario interesante. Miles de ciudadanos norteamericanos nacidos en el extranjero pronto podrían cuestionar derechos que no les fueron divulgados anteriormente pues reclaman la ciudadanía norteamericana a través del jus sanguinis y no por jus soli”

Me pregunto, por ejemplo, si mis hijos tendrán ahora el derecho a ser presidente en Estados Unidos, derecho que les han negado porque, aunque hijos de madre estadounidense, han nacido en México.

El derecho consanguíneo a la nacionalidad debería poderse transmitirse siempre. Sin embargo, cuando nacieron mis hijos la embajada americana nos informó que si ellos tuvieran hijos fuera de los Estados Unidos, mis nietos no serían ciudadanos norteamericanos. En otras palabras, si la segunda generación de hijos de padres norteamericanos nacidos fuera de Estados Unidos naciera también en el extranjero, quedarían excluidos del derecho de sangre.

Si como asegura Cruz, la ciudadanía es la misma si se nace en territorio norteamericano o en el extranjero, entonces, ¿por qué existe una diferencia en materia de transmisión de derechos como la que expongo?

La defensa de Cruz asume que sólo existen dos tipos de ciudadanos norteamericanos, por nacimiento (por jus sanguinis o jus soli) con todos los derechos de ciudadanía incluidos los de ser presidente, o los naturalizados, que tienen el único limitante político de no poder aspirar a la presidencia. Algunos ciudadanos famosos naturalizados han sido los secretarios de Estado Henry Kissinger, que llegó a los diez años a Estados Unidos, Madeleine Albrigth, que lo hizo a los once, y el exgobernador de California Arnold Schwarzenegger, que arribó a los veintiuno. La visión de Trump, en cambio, se basa en tres tipos de ciudadanía: los ciudadanos que hayan nacido en territorio nacional, los que hayan nacido en el extranjero de padre o madre norteamericana y los naturalizados.

¿Quién tiene razón? La legislación no es clara y eso tiene repercusiones políticas importantes. Muchos hijos de padres mexicanos indocumentados que nacieron en territorio norteamericano están regresando a México. De acuerdo a Trump, esos jóvenes tendrían derecho a ser presidentes de Estados Unidos. Si, en cambio, Cruz tiene razón, esas personas podrían traspasar la ciudadanía a sus hijos, quienes podrían aspirar a contender por la presidencia sin haber pisado nunca territorio norteamericano.

Si la defensa que presenta Ted Cruz es correcta, qué bueno por él, pero aún mejor al sentar el precedente para miles de norteamericanos nacidos en el extranjero, quienes tendrían derecho a presidir la nación. ¿Se imagina un presidente de Estados Unidos nacido en Zacatecas o Michoacán?

También te puede interesar:
Mitos y mentadas
México: falta de cultura financiera