Opinión

Trump al revés

  
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ME Trump y su semana (Especial)

Donald Trump parece estar minando su propio camino hacia la Casa Blanca. Si tiene un manual de campaña como texto básico para guiar lo que dice y hace, parece hacerlo todo al revés.

Luego de la Convención Demócrata en Filadelfia, de la cual se esperaba un rebote de Hillary Clinton en las encuestas, lo lógico era amortiguar lo más posible. En lugar de eso, Trump comenzó a lanzar varios ataques que, a diferencia de otras ocasiones, esta vez sí parecen dañarlo.

La lista es larga pero, entre otras cosas, Trump dijo que le gustaría golpear a los oradores de la Convención Demócrata que hablaron mal de él. Luego se metió en lo que algunos estrategas califican como su peor error de campaña hasta ahora: menospreciar a un héroe de guerra y tratar de humillar a sus padres, de religión musulmana por cierto, sin intención de meter reversa en ningún momento.

Y por si fuera poco, en una coyuntura en la que sumar fuerzas entre los republicanos resultaba crucial, Trump parece romper lazos. Decidió pagar con la moneda de ojo por ojo a Paul Ryan, negándole su apoyo rumbo a las primarias que el congresista enfrenta este martes en su estado. El argumento fue el mismo que el propio Ryan utilizó antes de darle el famoso endorsement a Trump: no sentirse todavía listo para darle su apoyo. El mensaje a las filas de los republicanos parece ser de ruptura, pero hasta ahora Trump ha avanzado conduciéndose al revés.

El magnate se dio el lujo en su campaña primaria de ir contra los cánones, de desafiar las leyes de gravedad política en una sociedad que creíamos políticamente correcta. Tuvo éxito. Logró la nominación con un estilo bullying que seguramente llevaría a otros al fracaso. El estilo lo mantiene, pero los movimientos de las encuestas en su contra durante la última semana sugieren que el estilo de Trump también puede costarle.

Ya algunos republicanos han anunciado que no votarán por él en noviembre. ¿Son casos aislados o se vislumbra una desbandada? Ya veremos. Por su parte, el presidente Obama ha incitado continuamente a los republicanos a abandonarlo. No por ello lo harán, pero la estrategia de Trump parece ir en contra del sentido común. Cuando debe sumar, resta y cuando tiene la oportunidad de perdonar, prefiere vengarse.

Son nuevos tiempos y quizás estas son las nuevas formas de hacer campaña electoral. De ser así, el manual de campaña clásico ya no le sirve. Trump lo está reescribiendo. Es un manual al revés. El reciente reporte de que los fondos de su campaña han crecido a través de pequeños donativos puede significar que sigue levantando pasiones, que sí está teniendo eco su discurso divisivo, que sigue en la pela. Habrá que ver si con esta edición de nuevo manual le alcanza para ganar, o si necesita pulirlo otros cuatro años. Por lo pronto, Trump se mueve en las encuestas, pero al revés.

Según una encuesta de CNN/ORC, al término de la Convención Demócrata la ventaja que tenía Trump en temas de economía, terrorismo y el Estado Islámico se esfumó, mientras que la ventaja de Clinton en temas de política exterior y migración se amplió.

Falta mucho, la contienda no está definida y la caída de Trump en las encuestas bien pudiera ser temporal. Pero en lugar de afianzar el voto de los republicanos, el magnate parece estar haciendo todo lo posible por debilitarlo. Su declaración de que la elección podría ser fraudulenta tiene varias lecturas. A unos les parece que ya es una concesión adelantada, un reconocimiento de que puede perder. Para otros, es un llamado a deslegitimar un proceso que hasta ahora, bien que mal, ha sido aceptado por ganadores y perdedores. Basta recordar el 2000. Su nueva retórica de fraude es un elemento más para unos seguidores inflamados de por sí por un discurso extremista. Si ya empezamos a imaginar un escenario en el que Trump pierde, imaginemos ahora uno en el que no reconoce los resultados.

Twitter: @almorenoal

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