Opinión

Tributación y fragilidad estratégica

 
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dinero peso billetes (Cuartoscuro/Archivo)

Esta semana ha sido de acontecimientos importantes para conocer más del comportamiento fiscal. Por un lado aparece la 3ª edición del Panorama Fiscal de América Latina elaborado por la CEPAL y se publicó la 4ª edición de las Estadísticas Tributarias de América Latina y el Caribe, con información a 2013. Ambos se presentaron en el marco del XXVII Seminario Regional de Política Fiscal, que se realizó en Santiago de Chile, en la sede de la Comisión Económica para América Latina, coordinado por Gonzalo Martner. Las Estadísticas Tributarias se elaboraron conjuntamente entre CEPAL, CIAT, OCDE y BID.

Con una revisión preliminar es posible confirmar cómo ciertas características de nuestra estructura tributaria nos dan una fragilidad estratégica para enfrentar crisis fiscales: el peso de la recaudación indirecta, estos de la suma del IVA y los impuestos especiales o específicos al consumo –los IEPS–; el bajo nivel recaudatorio del ISR a las personas físicas; el peso de los ingresos petroleros, alrededor de una tercera parte de los mismos; y la fuerte concentración del poder tributario o recaudatorio en el orden central, característica más a fin a los gobiernos centralistas o unitarios.

Con la información a 2013, el escenario no cambia para nuestra estructura tributaria, ya que los avances observados se deben más a un esfuerzo de administración tributaria, que de política. Por ejemplo, cuando la tercera parte de nuestros ingresos tributarios dependen de decisiones y acciones fuera de nuestra influencia, como es el caso del petróleo, estamos en problemas estratégicos.

Tenemos que la relación de los ingresos tributarios respecto al PIB sigue siendo baja en 2013: Brasil 35.7 por ciento, Argentina 31.2 por ciento, Chile 20.7 por ciento y México 17.1 por ciento, incluyendo en la misma las contribuciones a los Fondos de Seguridad Social y considerando los ingresos no tributarios, como impuestos. El promedio en 20 países de la región latinoamericana y del Caribe es de 17.4 por ciento y en la OCDE de 33.5 por ciento.

En cuanto a la estructura tributaria, en América Latina la tributación indirecta promedio es de 32.3 por ciento, frente a un 20.2 por ciento en la OCDE; el ISR de personas físicas es de 26 por ciento, contra 33.6 por ciento en la OCDE.

En 34 miembros de la OCDE, el promedio de la recaudación de ingresos y utilidades es de 11.4 por ciento del PIB, frente a 10.8 de los indirectos; mientras en América Latina los promedios son 5.5 y 10.7, respectivamente. En México los primeros representan 5.2, casi la mitad del 10.7 de los impuestos al consumo.

En cuanto el peso de los ingresos provenientes de recursos naturales no renovables en relación al PIB, en México es de 8.0 por ciento, 2.4 por ciento en Brasil, Colombia 5.1 por ciento y Venezuela 12.1 por ciento. Debilidad estratégica clara.

Pero un tema que nos debe preocupar es la distribución del poder tributario. En la OCDE el poder central controla 54.5 por ciento, Brasil 45, México 81 por ciento, Argentina 62.7 y Venezuela 96; en el nivel subnacional el promedio de la OCDE es 16.5 por ciento, 24.2 por ciento en Brasil, 15 por ciento en Argentina y 2. 9 por ciento en México. Lo que nos explica muchas de las cosas que pasan en las entidades federativas. En los países unitarios o centrales, el orden subnacional no pinta, pero si el local, por ejemplo en Chile el poder central concentra 88.2 por ciento, Bolivia 94 por ciento, Ecuador 72 y Uruguay 70. El promedio de la OCDE es de 62.9 por ciento, esto es menos concentración del poder tributario en los países unitarios de la OCDE, que en México. Algo que habrá que revisar. En países tan grandes como el nuestro la centralización resulta con el tiempo más ineficiente.

Twitter: @davidcparamo

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