Opinión

Tres

Lo primero que Carlos notó fue que estaba enojado con todo el mundo. Con su madre, con sus hermanos, con sus amigos, con su vida. Creía que lo único que estaba a salvo de su mal humor, era la relación con su mujer y sus hijas.

Siempre se ha considerado un hombre muy afortunado. Tiene a una mujer extraordinaria a su lado, compañera solidaria, madre genial, sencillamente perfecta. Se llama Gaby.

También hay que contar que tiene una relación amorosa con otra mujer, desde hace 3 años. No sabe cómo, pero ha logrado sostener dos relaciones (es un decir) durante todo este tiempo.

Tania es muchísimo más joven que él. Soltera, sin hijos y sin inhibiciones. La conoció en la oficina como dicta el cliché y la estadística. Jamás pensó que ella lo miraría siquiera, con sus canas, sus kilos, casado y padre de dos. Cada que están juntos, no puede creer su suerte. Rara mezcla de adrenalina, alegría, culpa, pasión, más culpa, ansiedad. Y mucho mal humor, porque no ha conseguido aceptar que tiene dos mujeres, porque ese es su deseo. No logra estar en paz. Sabe que, tarde o temprano, hay algo que tendrá que enfrentar. La distancia sexual con Gaby, que se volvió la madre de sus hijas y dejó de ser su pareja. Él supuso que a ella, el sexo ya no le gustaba. Alguna vez se lo reclamó y ella lo culpó a él. Le dijo que hace mucho tiempo que ella tampoco se sentía deseada. Aceptaron, en el inevitable juego de las proyecciones conyugales, el rol asignado. Él dejó de verla como mujer, ella dejó de sentirse mujer con él. Ella se convenció de que él no la deseaba, él dejó de desearla.

Tania, por su parte, ha comenzado a necesitar mucho más de Carlos. Quiere que la ame, que la cuide, que duerma con ella, que conozca a su familia. Ha empezado a sentirse utilizada. A punto de cumplir 30, piensa en vivir con alguien, en tener un hijo.

Cómo no va a estar de malas si se siente exigido, presionado, incapaz de satisfacer a ninguna de las dos. No encontró la felicidad ni el equilibrio. Fue impulsivo y ahora no sabe cómo salirse del enredo que él mismo armó.

Casi siempre dejamos que el inconsciente hable por nosotros. Carlos no fue la excepción. Una mañana mientras se bañaba, dejó el celular prendido en la recámara. Gaby se enteró por un mensaje de texto de la existencia de Tania. Un lapsus torpe resolvió lo que él ha sido incapaz de enfrentar durante tanto tiempo.

Gaby no enloqueció de celos ni lo corrió de la casa. Se sentó a conversar con él. Le dijo que ella era, en cierta medida, corresponsable por la distancia. Por haberse convencido también de que ellos no podían tener buen sexo y ser buenos padres y compañeros al mismo tiempo. No se puede tener todo en la vida, concluyó. Le contó que habla por teléfono con un novio de la universidad, porque también necesitaba saber que alguien la deseaba, aunque no pudo y no quiso acostarse con él. Seguía queriéndolo a pesar de la miserable vida sexual que tenían.

Tania terminó con Carlos. Entendió por fin que él jamás podrá darle una vida estable que ahora ha empezado a necesitar.

Carlos sintió alivio y tristeza. Había llegado el momento de enfrentar, junto con Gaby, la enorme brecha abierta entre ellos. Por ahora, intentan reparar la confianza y contener los deseos de venganza que a veces atormentan a Gaby. Sienten que todavía tienen una oportunidad, porque se quieren. Han conseguido dejar a un lado el tema de “la otra” y de la traición, para concentrarse en la revisión de su relación. A Carlos se le había olvidado que su mujer es guapa y llena de erotismo. Apenas se dio cuenta de que ha vivido creyendo que el amor y el deseo no pueden coexistir.

*Psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.


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