Opinión

Tres propulsores de la Reforma Educativa

Manuel Bravo

Algunos columnistas han manifestado con mucho pesimismo que el Servicio Profesional Docente se fragmentará en 32 servicios profesionales docentes. Lo cierto es que eso ya sucedía desde hace mucho tiempo, con la enorme diferencia de que el responsable de las decisiones era básicamente el gobierno federal y la desigualdad ocurría en la opacidad. Ahora el balón está en la cancha de los gobiernos estatales, lo cual puede resultar esperanzador. No porque los gobiernos estatales hayan respondido mejor a las necesidades de las escuelas, sino porque se nutrirá la diversidad, estableciendo responsabilidades claras sobre los aciertos y sobre los desatinos. La información dará luz sobre las políticas públicas en materia de profesionalización docente, tanto las apropiadas como las deficientes. Y sobre todo, permitirá a la federación reforzar con sus recursos a aquellas entidades que requieran intervenciones más sólidas. Sin equidad, la calidad pierde sentido; una y otra va de la mano.

A mi juicio hay tres propulsores de la reforma educativa. El primer propulsor es la armonización de la leyes estatales. El mole ya está servido y de las 30 entidades que han emprendido la armonización de la reforma educativa en sus estados, ya tenemos focos rojos y casos ejemplares. La “armonización” realizada en Coahuila, Nuevo León, Sinaloa, Veracruz y Sonora es contraria a la ley y requiere medidas urgentes de corrección. La federación debe emprender una controversia constitucional cuanto antes. En una entrevista concedida el 7 de marzo el secretario de Educación Pública sentenció: “nos vamos a ir a acción de inconstitucionalidad, o de controversia, no vamos a permitir que en los marcos federales se puedan dar violaciones a la ley”. Este es el momento de que el funcionario cumpla su palabra.

En el caso contrario están las leyes locales que se concretaron en Tamaulipas y Chihuahua, las cuales nutren el debate educativo y sirven de ejemplo digno de emulación a los demás congresos locales.

Segundo propulsor: el personal que realizará las evaluaciones en el aula. Si los gobiernos estatales suponen que el mejoramiento de lo que sucede en el aula se resolverá con billetazos, se llevarán una desafortunada sorpresa. No es tan sencillo; la escuela es una organización en la que suceden relaciones complejas. Muchos maestros trabajan con una enorme convicción y empeño por razones ajenas al sueldo. De hecho, muchos están ávidos por mejorar su trabajo y dignificar la profesión.

Por ello, me parece primordial que los gobiernos locales dediquen tiempo, talento y recursos para seleccionar y capacitar al personal que estará encargado de realizar las evaluaciones en el aula y que serán certificados por el INEE (Artículo 8, fracción II, LSPD).

Desde mi perspectiva, las designaciones de los evaluadores deben fundamentalmente corresponder a los maestros destacados. En primer lugar, porque quien mira no puede ser ajeno a la labor que se debe aquilatar. Segundo, deben ser personas capaces de entender las situaciones que experimenta el observado (los maestros); apelo a la empatía. Tercero, los evaluadores deben ser capaces de retroalimentar al docente, lo que puede hacerse mejor desde quien mira como colega, alguien con experiencia no sólo en los problemas sino en las soluciones que pueden enriquecer la práctica del colectivo docente que labora en esa escuela. Aquí yo deposito grandes esperanzas en la reforma educativa. Pero si los gobiernos estatales deciden incorporar evaluadores de bajo perfil, con un desconocimiento de lo que sucede en el aula, sin un claro sentido sobre qué mirar, por qué mirar eso y qué rebotarle al docente, me temo que la reforma educativa en esos estados fracasará rotundamente.

El tercer propulsor: la formación continua. Los gobiernos estatales deben atender con mayor tino y honestidad a las voces de los maestros. Resulta fundamental consolidar un esquema de retroalimentación comprensible y claro sobre lo observado en la evaluación y la distancia que mantiene cada evaluado con respecto de los parámetros esperados de los perfiles. Una formación continua que verdaderamente nutra e incentive su trabajo. Compartir experiencias, intercambiar grupos, mirar prácticas, tener espacios y tiempos para reflexionar los aciertos y problemas, retroalimentarse constantemente, tener un líder que los motive y desafíe, dar espacio para compartir las necesidades, hipótesis, preguntas y aprendizajes de los maestros mismos, son los aspectos que favorecen la transformación en las relaciones escolares y de las prácticas en el aula.

Esta reforma genera incertidumbre, pero debemos abrazar lo incierto: esperar lo inesperado posibilitará que nos reinventemos. Hacernos preguntas que no nos hayamos formulado nos ayudará a repensar el federalismo educativo.

*Investigador de Mexicanos Primero.

Twitter: @manubravo26


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