Opinión

Tres Méxicos

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Trabajo Infantil

Con información del Inegi acerca de informalidad, que empezó a publicarse el año pasado, podemos entender mucho mejor lo que ocurre en nuestra economía. Primero, hay un grupo de mexicanos que tiene ingresos promedio inferiores a dos salarios mínimos. En ese grupo hay entre 12 y 14 millones de personas que trabajan en sólo tres sectores, y de manera informal: agricultura, construcción y “otros servicios”. Los que llamo “agricultores informales” son en realidad de autoconsumo, e Inegi estima 6.5 millones de personas en ese espacio.

El ingreso promedio de cada persona ahí es de 700 pesos al mes. Leyó bien, un tercio de salario mínimo. Los albañiles informales tienen un ingreso promedio muy superior, y casi llegan a dos mínimos. Son tres millones de mexicanos. Finalmente, hay dos millones más en “otros servicios”, que en realidad es servicio doméstico. El ingreso promedio es de dos salarios mínimos. La razón por la cual no puedo decirle con certeza si son 12 o 14 millones es porque la medición tiene grandes variaciones, y no se mide exactamente personas, sino algo denominado “unidades”.

Hay otro grupo, en el otro extremo, con 15 millones de mexicanos que tienen ingresos promedio de ocho salarios mínimos. Casi todos son formales, y se desempeñan en todo tipo de sectores, muy productivos, con crecimientos que pueden llegar a dos dígitos anuales. Ése es el México competitivo globalmente.

En medio hay un grupo que puede llegar a 20 millones de personas, con una fuerte presencia de informales, pero en donde hay también sectores formales relativamente poco productivos: comercio, construcción, servicios inmobiliarios, limpieza, etcétera. En ese grupo tenemos la mediana de ingreso nacional, que corresponde a los vendedores ambulantes, que ganan entre dos y tres salarios mínimos, más cerca del límite inferior.

Si en lugar de ver esta distribución por sectores, la vemos por entidades federativas, creo que todavía aprenderemos más. Empezando por Nuevo León, seguido por Chihuahua, Baja California, Querétaro, Aguascalientes, Coahuila, Sonora, tenemos entidades en las que más de la mitad de la población trabaja en sectores formales, y casi tres cuartas partes lo hace fuera de la informalidad (es decir, en lo que llama Inegi, otras modalidades). Esas entidades han tenido crecimiento económico muy superior al promedio nacional por ya muchos años. Alguna llega incluso a dos dígitos.

Del otro lado del espectro está Guerrero, en donde sólo 8.0 por ciento de la población trabaja de manera formal. Le siguen Oaxaca, Chiapas, Hidalgo, Nayarit, Michoacán. Todos ellos con menos de 20 por ciento de la población en la formalidad, y no llegan a 40 por ciento incluso considerando las “otras modalidades de informalidad”. En los tres estados del Pacífico sur hay más de 30 por ciento de la población en agricultura de autoconsumo, ganando esos 700 pesos al mes. Es la miseria absoluta.

Por eso las propuestas generales para resolver la situación de los mexicanos me parecen extrañas. Sin duda puede y debe haber soluciones generales para la economía nacional, pero su efecto sobre las personas va a ser muy diferente dependiendo de lo que acabamos de comentar. Es ahí en donde creo que puede haber complementos que potencien las soluciones generales para los ámbitos específicos.

Recientemente el gobierno anunció las zonas económicas especiales, para impactar en la región más pobre del país. Ya veremos qué quiere decir eso, pero tengo serias dudas de que funcionen, si no van acompañadas de un proceso de modernización institucional de verdad: desde limitar a los gobernadores hasta hacer cumplir la ley en todo sentido. Nada sencillo, pero debe empezar a hacerse.

Twitter: @macariomx

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