Opinión

Tres de tres

    
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2018

No me refiero a las declaraciones promovidas por la sociedad civil para imbuir algo de honestidad a los funcionarios públicos, sino a la forma en que los partidos políticos han decidido participar en esta elección federal. Tendremos tres coaliciones, cada una con tres partidos políticos.

Por un lado, la tradicional alianza entre PRI y PVEM parece que continuará, ahora aderezada con el Partido Nueva Alianza. Se trata de dos escisiones del PRI, un poco escondidas, ocurrida la primera durante el gobierno de Carlos Salinas y la segunda a inicios de este siglo. El Partido Verde Ecologista fue creado por Manuel Camacho Solís, pero le fue arrebatado por la familia González muy poco tiempo después. Por unos años lo dirigió Jorge González Torres, y después ha estado controlado por su hijo, Jorge Emilio, conocido con el mote de “niño verde”, precisamente por esa razón. Nueva Alianza se creó desde el magisterio, cuando Elba Esther Gordillo era la jefa, para enfrentar al PRI de Roberto Madrazo. Como le ocurrió a Camacho, Gordillo también perdió el partido, que ahora se mueve de manera autónoma, pero muy afín al SNTE y, por lo mismo, al PRI.

La segunda alianza es el llamado Por México al Frente, que se construyó a lo largo de muchos meses, en negociaciones del PAN, PRD y MC. Se pueden rastrear sus orígenes a las alianzas que en 2010 les permitieron ganar Puebla, Oaxaca y Sinaloa, aunque me parece que fue la repetición de 2016 la que les hizo pensar en un nivel superior. En ese año ganaron Veracruz, Quintana Roo y, de cierta forma, Chihuahua (no hubo alianza formal, pero sí apoyo de fracciones perredistas). Aunque fueron criticados por cuestiones ideológicas (en mi opinión, de manera anacrónica), el Frente logró registrarse y parece tener posibilidades reales de competir.

Lo más sorprendente es la alianza construida por López Obrador, que entiendo se registrará con el nombre Juntos Haremos Historia. Está conformada por Morena, el partido del cual López Obrador es factótum; el PT, un partido creado por Raúl Salinas de Gortari, pero que pronto quedó bajo control del viejo movimiento Tierra y Libertad, especialmente de Alberto Anaya; y el PES, que tiene la misma edad que Morena, pero un origen muy distinto. Encuentro Social se creó sumando diversas comunidades cristianas y, al parecer, tiene una relación muy cercana con el grupo Hidalgo, especialmente con Osorio Chong. Aun sin considerar esta última posibilidad (que no es fácil de confirmar), las definiciones del PES no parecerían coincidir con lo que muchos asumen que López Obrador defiende, y que genéricamente llaman izquierda.

Tal vez el problema es que AMLO jamás ha sido parte de esa visión ideológica o política. Como debería saberse, impidió por mucho tiempo que en la Ciudad de México se modificaran las leyes para defender derechos por preferencia sexual o control del propio cuerpo, y ha demostrado de forma abundante su posición conservadora en éstos y otros temas. Aun así, lo han apoyado grupos que ahora se sorprenden por la alianza con el PES, que López Obrador ha calificado como un espacio para “buscar el bienestar del alma”.

Viendo las alianzas, y la forma en que se construyeron, me parece que se confirma la hipótesis que le planteaba en estas páginas hace algunas semanas: López Obrador no tiene votos suficientes. Mientras las otras dos coaliciones tienen, o bien una trayectoria histórica, o bien un arduo proceso de negociación, la que apoya a AMLO sólo tiene detrás un elemento en común: un conservadurismo atroz. Sólo en eso parecen coincidir los norcoreanos del PT, los cristianos del PES, y los bolivarianos de Morena. No se ve bien.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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