Opinión

Tres candidatos 

 
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Al menos tres opciones político-electorales se perfilan para presentarse ante la ciudadanía el próximo 2018. La priista y sus eventuales aliados Verdes y Nueva Alianza, estarán comprometidos en demostrarle a los ciudadanos que José Antonio Meade es a la vez un continuador de las reformas aprobadas y comenzadas a instrumentar en la gestión de Peña Nieto, pero al mismo tiempo un rupturista en los temas de seguridad y combate a la corrupción. Los malos resultados en la estrategia de combate a la delincuencia son producto de muchos factores, entre ellos la falta de control sobre la ineptitud demostrada por los gobernadores a la hora de instrumentar los presupuestos para la modernización de sus cuerpos policiacos y ministerios públicos.

El tema de los mandatarios estatales corruptos, que dañó a varios partidos, pero principalmente al PRI, tendrá que servir como punto de separación entre Meade y la propia nomenclatura priista, y de trampolín para dirigirse a una sociedad que lo quiere ver en su figura de líder honesto y hábil y no subordinado a un partido al que no pertenece. Su contrincante por ahora es López Obrador y Morena, cuya figura y estructura siguen reproduciendo el mismo mensaje y proyecto de 2006, suavizado en 2012 y que ahora pretende presentarse de nuevo como la opción salvadora ante el resto de las alternativas consideradas como ineficaces, deshonestas y sometidas a designios de las fuerzas del mal, en una nueva versión de su teoría de la conspiración.

Andrés Manuel no puede ir en contra de su propia naturaleza ni Morena romper con el nacionalismo revolucionario heredado del PRI. De ahí sus prácticas antidemocráticas y su oposición a cualquier medida que liberalice el mercado, el intercambio comercial o la integración económica internacional. El rechazo de AMLO a la construcción del nuevo aeropuerto, la reforma educativa o la apertura energética van en esta misma línea por más que sus nuevos asesores empresariales la quieran disfrazar de tolerante y moderna. El capitalismo de cuates que tanto daño ha hecho al país y que sigue siendo una constante en muchas entidades federativas, es el modelo que Morena pretende mantener como propuesta de crecimiento económico.

Es por ello que si el llamado Frente Ciudadano por México no consigue establecer un programa de gobierno claro y sencillo, que pueda diferenciarse claramente de la propuesta priista y del discurso nacionalista de Morena, será prácticamente imposible que el electorado lo perciba como una opción diferente y lo reduzca a una alianza tripartita con un candidato que, por lo pronto, no es visto por la ciudadanía como una figura real, en medio de las disputas internas por el tema de método de selección de candidatos y el reparto de candidaturas.

Los únicos candidatos independientes con posibilidades de inscripción real: Jaime Rodríguez y Margarita Zavala, no tienen hoy posibilidades reales de disputar la presidencia, ni presentar proyectos políticos alternativos que disputen espacios a los partidos. Pero tanto El Bronco como Margarita poseen la suficiente fuerza para restar puntos a López Obrador y al candidato del Frente. El juego entonces se centra en las tres grandes formaciones, sus figuras y mensajes capaces de convencer a un electorado harto de políticos que no cumplen con las expectativas generadas tras largos años de democracia.

Es por ello que a panistas y perredistas les urge definir candidato, porque los otros dos han empezado la campaña y avanzan en el debate frente a frente. Desperdiciar el tiempo cruzando acusaciones entre aspirantes a la candidatura presidencial sólo debilita a un Frente que va atrás de las otras dos opciones electorales. Por la vía de la designación directa el PRI y Morena tienen candidato y arrancan la campaña, mientras el Frente sigue debatiendo su propia existencia.

Twitter: @ezshabot

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