Opinión

Tres aspectos que vale tener presente

 
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Marcha por la familia. (cuartoscuro)

En más de un centenar de ciudades del país, el sábado de la semana pasada se llevaron a cabo otras tantas manifestaciones públicas, para demandar la no aprobación de la iniciativa presentada en mayo por Peña Nieto, en la que éste propone la legalización del llamado matrimonio igualitario, es decir, entre personas del mismo sexo, y la no adopción de menores por este tipo de parejas.

De acuerdo a las cifras proporcionadas por los organizadores, en esas marchas y reuniones públicas participaron alrededor de un millón y cien mil personas. A pesar de que el potencial de convocados, es decir, el total de la población mexicana, es cien veces mayor, de cualquier manera el número de participantes no deja de ser significativo. Un millón de personas no es cualquier cosa.

De esa jornada sabatina, se hace necesario poner de relieve tres datos en torno a este asunto que vale la pena destacar, para evitar que pasen inadvertidos. Uno que conviene tener presente para lo que después –ojalá que no- pueda eventualmente ocurrir. Otro más, vinculado a las reacciones de quienes se oponen a las demandas de los marchistas del sábado. Y un tercer dato, en apariencia no percibido, pero que forma parte de una evidente estrategia orquestada por el mencionado grupo opositor a los marchistas.

La más de cien marchas, organizadas por el Frente Nacional por la Familia, no pocas de ellas multitudinarias, se llevaron a cabo de manera total y absolutamente pacífica, con la participación de hombres y mujeres de todas las condiciones y edades, muchos niños, así como de clérigos católicos, incluidos algunos obispos, religiosas y pastores de otras denominaciones cristianas. Todo pues se desarrolló en calma, sin problemas, sin agredir ni proferir insulto a persona alguna.

Si todo estuvo bien y en orden en las marchas, lo que vino a continuación desentonó de plano. Resultó que la información sobre aquéllas, subida a la red con numerosas imágenes y videos por los organizadores, se saturó de opiniones y comentarios de los opositores, pero expresadas de la manera más vulgar y soez imaginable, como lo puede comprobar quien las consulte. Aderezadas además con afirmaciones insostenibles o haciendo alusión a cuestiones que no vienen al caso. Se nota a leguas el ánimo de agredir, de zaherir, de crear un ambiente tenso que desemboque en enfrentamientos. Y luego, como para curarse en salud, se dicen víctimas de una campaña de odio contra ellos.

Como la coartada es evidente, es de considerarse la conveniencia de que los organizadores de las marchas, a través de un grupo especial formado con personajes de prestigio y gran solvencia, que lleve a cabo un rastreo en las redes sociales tan amplio como sea posible, así como un adecuado monitoreo de medios, a fin de determinar qué sector es el que está creando una atmósfera de tensión, propicia para el enfrentamiento.

El ejercicio debe incluir a ciertos comunicadores, que sin exponer argumentos para defender su posición, se expresan en tono burlesco de quienes solicitan se deseche la iniciativa presidencial.

La estrategia es clara: insultar para provocar tensión, que propicie enfrentamientos y a continuación hacerse las víctimas. Vale la pena documentar, si sucede, que así ha sido orquestada. Téngase presente que todo esto tiene origen en la iniciativa de Peña Nieto, inoportuna por donde se quiera ver.

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