Opinión

Tres años, lo que viene

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PHL03122015

La tarea que tiene por delante Enrique Peña Nieto en estos tres años que le quedan, que en realidad son dos, puede resumirse en una sola frase: cambiar el estado de ánimo de la población.

Las reformas desgastan a quien las encabeza, y sumado a los tropiezos de la actual administración, han provocado una baja aceptación del presidente entre la ciudadanía.

Eso se tiene que revertir, y no por cuidar una imagen personal, sino porque es preciso darle continuidad al proceso modernizador del país.

La gran batalla se va a dar en 2018, y no será a tres bandas, sino que ahí se van a dirimir dos proyectos de nación –con los matices partidistas que se quieran–: el que votó en favor de las reformas y el que votó en contra.

Ahí está el punto. No puede haber marcha atrás en la modernización de México y volver al país de 1982 como propone López Obrador.

No podemos regresar al control de cambios por parte del Estado, control de precios por parte del Estado, sin Banco Central autónomo, y dispendio en ocurrencias como la construcción de cinco refinerías (que propone el dos veces derrotado candidato presidencial).

La apertura de México al mundo no debe tener reversa. Hasta en el históricamente rezagado sector agropecuario, ya hay una balanza comercial superavitaria con Estados Unidos.

(Sí, existe un sector del campo muy marginado todavía, al que hay que apoyar con recursos, tecnología y capacitación. Pero sería una tragedia volver a los cacicazgos de los comisarios ejidales y líderes agrarios que medraban con el control de los campesinos).

Estos tres años tienen que servir para instrumentar adecuadamente las reformas y que se comiencen a ver resultados. Ya hemos constatado avances con la aprobada en telecomunicaciones, comenzamos a ver algo de la energética y ha iniciado la transformación del ámbito educativo.

Todo lo que se haga a partir de hoy debe estar orientado a prestigiar el proceso modernizador.

Incluso si hay secretarios de Estado que no abonan a la credibilidad de la transformación del país, deben ser removidos. Lo que está de por medio es mucho más importante que preservar la cercanía de algunos cuates.

Con lo tonificante que ha sido el relevo en la SEP, con Aurelio Nuño en lugar de Chuayffet, quedó demostrado que los cambios son aire fresco porque dinamizan al gobierno en áreas que se prestan para lucir la tarea de gobierno.

En enero tendríamos que estar viendo nuevos nombramientos para oxigenar a la actual administración en aquellos campos donde amerita exhibir lo hecho y no esconderse por las críticas o las sospechas.

La tarea parece obvia, aunque seguramente no es fácil. Pero no hay de otra: tienen que levantar el ánimo de la población y que se crea en el proyecto modernizador.

O seguimos para adelante o nos regresamos a 1982, es lo que está en juego.

Twitter: @PabloHiriart

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