Opinión

Treinta años perdidos

    
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Votación en Neza durante la jornada electoral del 4 de junio de 2017

Ya se presentaron los resultados oficiales de las elecciones del 4 de junio. En Nayarit nunca hubo mucha discusión ni tampoco en Veracruz. En ambos casos, la alianza PAN-PRD obtiene un triunfo holgado. En el primer caso, con la gubernatura; en el segundo, con la mayoría de los ayuntamientos. En el Estado de México, con abundantes reclamos acerca de la compra y coacción previa al día de la jornada electoral, no parece haber muchas quejas de ese día en particular. Es decir, habría ocurrido lo que en muchas elecciones recientes: los partidos compran la voluntad de los electores, o los presionan, pero el día de los comicios no hay grandes problemas. Para enfrentar este tipo de comportamiento antidemocrático, los partidos deben documentar mucho mejor la manera en que sus adversarios actúan, pero no lo hacen.

Sin embargo, en Coahuila parece que retrocedimos treinta años. Ahí todo indica que sí ocurrió eso que parecía ya eliminado: la injerencia directa en las urnas. No le puedo decir con certeza qué ocurrió, porque no estuve ahí (ni nadie estuvo al mismo tiempo en todos los lugares en donde se reclama). Pero hay tres indicadores que me parecen relevantes. Primero, hubo un conteo rápido, de parte del OPLE (el organismo electoral local) que indicaba que había ganado Anaya por dos puntos. Aunque los intervalos de confianza de este conteo se cruzaban, la probabilidad de que el resultado sea el que se presentó como oficial es cero: no hay manera de que un conteo apunte dos puntos de ventaja para un candidato, y gane el otro con 2.5 puntos de ventaja, cuando el margen de error es de medio punto. Es simplemente imposible.

Pero se dirá que el conteo tuvo errores de levantamiento, o fallas metodológicas. Lo dudo mucho, pero supongamos que así es. El segundo elemento importante es que el PREP de Coahuila nunca terminó. Es muy extraño que un PREP en México no llegue a siquiera 90% de las actas procesadas. En Coahuila se quedó en 72%. Pero se presentaba como si hubiese alcanzado el 100%, tal vez por un error de diseño de la página. En cualquier caso, no se contaron los votos de la manera esperada el día de la elección. Insisto, esto es muy poco común desde hace décadas.

Tercero, resulta que el PAN ganó el Congreso local. Tienen 12 diputados por 10 del PRI. Otra vez, podría ocurrir que los electores dividieran su voto conscientemente, como lo han hecho a nivel nacional en varias ocasiones. Es muy infrecuente que lo hagan en las elecciones estatales. Y menos cuando se trataba de votar contra los hermanos que gobernaron durante dos sexenios.

Si los tres eventos mencionados son muy poco probables, cada uno de ellos cercano a cero, la probabilidad de que ocurriesen al mismo tiempo es inconcebible. Por eso suenan creíbles los reclamos del PAN de que hubo robo y manipulación de urnas. Cuando sabemos que el resguardo de los paquetes no fue del Ejército, sino de Fuerza Coahuila, la policía local, es muy difícil no creer que el fraude en Coahuila fue al estilo del siglo XX mexicano.

En estas condiciones, y por el bien del sistema democrático, la elección de Coahuila debe quedar fuera de toda duda, o anularse. Es posible que haya una explicación razonable de la falla del PREP y del conteo, como cree Javier Márquez, pero si eso no es totalmente claro, estaríamos frente a un retroceso muy peligroso en los procesos electorales.

No vaya a ser que al rato pongan la Thompson 50 para evitar la votación, como hacían en 1940. Si hay la mínima duda, anulen y repongan.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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