Opinión

Trauma: intimidad y vida pública

     
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Noticias. (Shutterstock)

A veces es casi insoportable. A veces todo parece un gran absurdo imposible de comprender. Casi a diario, abrir un periódico es un acto salvaje. Quizá los que vivieron antes de nosotros, también creyeron ser testigos del peor momento de la historia. Mucha gente, dentro y fuera del consultorio, siente que éste es uno de los momentos más oscuros del mundo y de nuestro país. Resulta escalofriante observar el grado de retroceso moral en México, como lo llama Silva-Herzog Márquez en su artículo en Reforma “La década sangrienta”. Parecemos acostumbrados a las malas noticias. No hay tiempo para comprender la extensión del daño emocional que vivir en un país violento y corrupto nos ocasiona. Además, un demente será presidente de Estados Unidos. Los nacionalismos son el nuevo-viejo lugar de los fanatismos y la justificación del cierre de las fronteras y del asco a la diversidad racial, religiosa y cultural.

Escucho en el consultorio relatos ajenos al ámbito íntimo, que son causa de angustia: el miedo al futuro del planeta, la incertidumbre que despierta la economía mexicana, frágil y en peligro de grandes desastres. Algunos pacientes hablan de la inseguridad, del crimen organizado, de los miles de muertos y desaparecidos, de las ganas de irse a vivir a otro país y también de la frustración de no poder hacerlo, porque para muchos no es opción dejar lo que han construido aquí, para ir a buscar un lugar donde la paz y la justicia no sean un lujo inalcanzable.

El trauma, según la Asociación Americana de Psicología, es “una respuesta emocional frente a un evento terrible como un accidente, violación o desastre natural”. Un entorno social, político y económico amenazante, califica como evento terrible, como desastre y como causa de trauma.

Betty Teng, una colega de Nueva York y experta en trauma, escribió hace unos días un breve recuento sobre los efectos traumáticos que el triunfo de Trump está provocando: la gente se siente menos segura de caminar por las calles, algunos lo comparan con Septiembre 11, todos en el metro parecen en duelo, como si una catástrofe natural o un ataque físicamente violento hubiera ocurrido. Los pacientes y los colegas, muestran síntomas de trastorno por estrés post traumático: llanto espontáneo, dificultad para concentrarse, angustia generalizada. Muchos hablan de pintas contra el Islam, los homosexuales, los inmigrantes y las mujeres. Los padres han tenido que explicarle a sus hijos lo que es una suástica, pintada en parques, muros y en lugares por donde la gente solía caminar tranquila.

Teng afirma que para trabajar con el trauma es necesario recuperar la estabilidad, la seguridad y la fortaleza: “Frente a la decepción, el miedo y la incertidumbre, vale la pena recordar que ningún acto de fortaleza o de toma de decisiones es pequeño. De hecho, hablar por uno mismo o por los otros en el trabajo, o con la familia o amigos, sobre cómo podemos trabajar juntos en lo que queremos y necesitamos, empodera”.

Frente al trauma, afirma Michael White, es necesario construir “islas de seguridad” que permitan a las víctimas actuar para resolver sus dilemas y para seguir adelante con su vida. El dolor, continúa White, es un testimonio de lo que alguien consideraba precioso en su vida y que ha sido violentado por el trauma.

Frente al trauma, han de celebrarse las cosas que las personas valoran, en especial sus creencias sobre aceptación y justicia, sobre las aspiraciones que atesoran, sobre sus esperanzas y sueños, sobre su visión moral de cómo deberían funcionar las cosas del mundo, sobre su lealtad a su forma de ser y de vivir.

El dolor emocional frente a las injusticias y a la violencia, puede entenderse como la determinación de mantener una relación con aquello que ha sido pisoteado y denigrado en el contexto del trauma. Es oponerse a la normalización de la barbarie.

Todos necesitamos encontrar lugares seguros, “islas” que sean plataformas de solidaridad para hablar de lo que no se ha dicho, para compartir la experiencia del trauma y para pensar en cómo seguir adelante, en lo individual y colectivamente.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.

Twitter: @valevillag

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