Opinión

Tras las elecciones, urge un nuevo diálogo para el cambio

   
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Ciudadanos emiten su voto en la Ciudad de México

Algunos festejan los resultados de las elecciones recientes como el inicio de una nueva era. “Ahora sí, con la alternancia de partidos políticos en 8 de los 12 estados y la primera llegada de la oposición (PAN) a las gubernaturas en 4 estados dominados históricamente por el PRI estamos ante la posibilidad de un nuevo México” me comentaba un excompañero de escuela. “El voto si cuenta. El mensaje de castigo para el PRI y para los gobiernos corruptos e ineficaces fue contundente”.

Reconozco que las elecciones del domingo enviaron un fuerte mensaje político -cuando menos de las entidades federativas donde la ciudadanía fue a las urnas- de que la sociedad mexicana está cansada de violencia, corrupción , impunidad e incumplimiento de los partidos políticos de promesas de cambio y mejora en el bienestar social. Pero de ahí a que puedan traducirse en la superación de viejos vicios electorales y en desarrollo democrático económico y social futuro en beneficio de las mayorías hay un largo y azaroso trecho.

Lo primero que hay que precisar es que las pasadas elecciones no estuvieron libres de prácticas corruptas y antidemocráticas y que intereses aviesos estuvieron presentes a lo largo de todo el proceso. Las noticias y evidencias de compra del voto en efectivo, a través de despensas, vales, tinacos y televisores por parte de los candidatos y los partidos políticos salpicaron todos los medios. ¿De qué tamaño siguen siendo?, nadie lo sabe. ¿Qué tantos recursos fluyeron de empresarios y el crimen organizado a las campañas estatales y municipales a cambio de futuras acciones o inacciones, contratos e inmunidades? Es difícil concluir que el proceso electoral estuvo libre de excesos y toda sospecha a pesar de los costosos procesos de seguimiento.

El INE deberá rendir cuentas a la sociedad de los recursos que fueron asignados a los partidos y candidatos y de los gastos realizados en las campañas atendiendo a sus diversas fuentes de ingresos. Esperamos que los informes por venir cumplan con las expectativas y que se apliquen las sanciones que procedan.

2º Aunque hay que celebrar la alternancia y el castigo implícito en las votaciones a las autoridades y partidos en el poder, nada asegura que el régimen legal, los sistemas institucionales y las nuevas autoridades elegidas aplicarán la ley y castigarán de manera efectiva las corruptelas, los excesos y las practicas irresponsables e indebidas de los personajes salientes , decisión que compete a veces a los ejecutivos, y en otras a los legislativos y los poderes judiciales, locales, pero también a los federales. “El borrón y cuenta nueva” es más común de lo que parece; la sociedad demanda abatir la violencia, leyes anticorrupción y su aplicación ejemplar.

3º Las acrobacias partidistas, y alianzas de partidos siguen mostrando que lo importante para los políticos es permanecer o llegar al poder, sin importarles el partido y la plataforma o agenda a seguir una vez que accedan a él. Por más que traté de encontrarlos, fueron escasos los planteamientos ideológicos y los compromisos sustantivos económicos o sociales concretos de los candidatos.

Estoy claro de que aun los mayores y más sólidos compromisos son susceptibles de derrumbarse frente a las realidades políticas y presupuestarias y el entorno cambiante. Pero la ausencia de plataformas consistentes y verdaderas agendas para el cambio en un país tan dispar e injusto como el que vivimos me preocupan sobre manera. Javier Corral en Chihuahua puede ser la excepción. La diversidad, los retos y el potencial de Oaxaca, Veracruz y Tamaulipas y sus contrastes internos en el ámbito municipal debieron de haber conducido a un debate de fondo sobre su futuro y las estrategias a seguir. Pero ello no sucedió; tarea que sería crucial y necesaria cuando se trata de alianzas como las del PAN y el PRD, que nunca he podido entender –más allá de evitar el triunfo del PRI y repartirse el poder.

4- ¿Alguna señal importante para el 2018? Fundamentalmente que la ciudadanía ya está cansada de la falta de gobiernos confiables y eficaces; que demanda cada vez más un efectivo estado de derecho y líderes moralmente creíbles y no meros acróbatas políticos, que saltan de un partido al otro a su conveniencia, despreocupados de la rendición de cuentas.

La verdad es que rumbo al 2018 la sociedad mexicana en su conjunto reclama el fin de la violencia y la impunidad y un sistema electoral más representativo, pero también un cambio sustantivo en el modelo económico y social que hemos seguido en los últimos años y que no ha cumplido con sus promesas de crecimiento, mejores empleos y salarios, mayor acceso a la justicia y una mejor calidad de vida y bienestar social para toda la población.

Ya quedó claro en este gobierno que todos los pactos y alianzas partidarias y cambios estructurales no van a conducir a ese México que queremos mientras no haya un nuevo proyecto de nación, resultado del diálogo efectivo de todos los sectores.

Hace una semana, en una de las pocas ocasiones en que funcionarios del gobierno federal ha estado dispuestos a reunirse con académicos e intelectuales críticos , José Antonio Romero , Director del Centro de Estudios Económicos de El Colegio de México recordaba a Ildefonso Guajardo, Secretario de Economía, las críticas del Presidente Peña Nieto a su llegada al Gobierno de que “el Crecimiento de México había sido insuficiente en los últimos 30 años y que eran necesarias reformas de nueva generación.” La deslumbrante Alianza por México desembocó en un conjunto de buenos propósitos y algunas reformas polémicas como la petrolera, enfrentada ahora a los bajos precios del crudo. “Los resultados hasta ahora han sido decepcionantes y seguimos sumidos en el estancamiento”, destacó Romero.

La realidad es que la inversión pública ha descendido a los niveles más bajos respecto al PIB, desde 1946; que seguimos dependiendo de las exportaciones con bajo contenido nacional-sin aprovechar el vasto potencial del mercado interno- y que la inversión privada nacional y extranjera no es capaz de detonar el crecimiento productivo.

La Zonas Económicas Exclusivas de Crecimiento en el Sur y ahora el polémico TPP, recordó Romero, no son la solución, pues no obedecen a un plan de desarrollo amplio y de largo plazo; no han sido fruto de un consenso nacional, ni formuladas por académicos y técnicos mexicanos.

Dependen de iniciativas y recursos del exterior.

Concluyo: para avanzar es necesario un diálogo efectivo y líderes que escuchen y estén dispuestos a negociar y construir un cambio compartido con todos sus sectores integrantes a través de un nuevo proyecto de nación. No es que estemos de mal humor; estamos desencantados e inconformes. Al lado de una clase media pujante y enojada, en muchas partes del país hay pobreza y hambre lacerantes. Esta situación puede producir una explosión social, si no se atiende a tiempo.

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