Opinión

¿Tras las elecciones se podrá dejar atrás la crisis catalana?

   
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Cataluña

A una semana de los comicios extraordinarios en Cataluña, la polarización que provocó la declaración unilateral de independencia y la aplicación del artículo 155 por parte del presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, ha aumentado. Los partidos secesionistas recularon ante su negativa inicial de participar en el proceso electoral. El expresidente de la comunidad autónoma, Carles Puigdemont, insiste en que el “sindicato del 155” (el Partido Popular, el Partido Socialista de Cataluña y Ciudadanos) no respetará la voluntad de los catalanes en caso de serle contraria.

Puigdemont se encuentra actualmente en Bruselas para evitar comparecer ante los tribunales españoles y para insistir en la mediación internacional en el conflicto, posibilidad que la Unión Europea (UE) rechaza. Apenas la semana pasada, el líder independentista encabezó en esa ciudad una marcha multitudinaria, a la que acudió gente desde España. Bruselas es simbólica por ser la sede de las instituciones europeas y de los flamencos nacionalistas y porque en el pasado ha habido desencuentros judiciales entre Bélgica y España. Por lo anterior, no sorprende que el juez Pablo Llarena, del Tribunal Supremo, haya renunciado a solicitar la extradición de Puigdemont, si bien mantiene en vigor la orden de detención si pisa territorio español.

Hacia las elecciones del 21 de diciembre en Cataluña, hay dos facciones enfrentadas (constitucionalistas y soberanistas). Los partidos separatistas –Esquerra Republicana (ERC), Junts per Catalunya y la CUP– optaron por no presentar una lista común. La coalición que declaró la independencia en el Parlamento catalán presenta dos divergencias en asuntos elementales: la voluntad de interlocución con Madrid –ERC y Junts son más moderados, mientras que la CUP mantiene que la declaración de la república catalana no es negociable– y el nombramiento del nuevo presidente de la Generalitat de Cataluña, en caso de ganar las elecciones. ERC respalda a Oriol Junqueras –el exvicepresidente, actualmente en prisión– pero Junts insiste en reinstalar a Puigdemont. Ambos supuestos son igual de improbables, pero han provocado fricciones que debilitan al bloque independentista.

Entre los partidos constitucionalistas, Ciudadanos se ha convertido en la vía más eficaz para canalizar la insatisfacción de muchos catalanes con los socialistas y los populares, pero al mismo tiempo para respaldar la vuelta a la normalidad democrática en la comunidad autonómica. Esto se debe a que Ciudadanos fue el partido con la posición más intransigente con el independentismo. Inés Arrimadas, la candidata de Ciudadanos a presidir la Generalitat, insta a recuperar la normalidad democrática y a concentrarse en solucionar los problemas de la región. De ahí que sea previsible que salga fortalecido y que gane una base más amplia en las próximas elecciones nacionales.

A una semana, las tendencias electorales apuntan a que se mantendrá más o menos la misma correlación de fuerzas en el Parlamento, es decir, dos mitades –encabezadas por ERC y por Ciudadanos– con un comodín, Catalunya En Comù, la filial catalana de Podemos. De ahí la importancia de mantener cohesionados a los bloques. Esto será más determinante para el constitucionalista porque el Partido Socialista Catalán (PSC) no parece estar dispuesto a apoyar la investidura de Arrimadas.

En los escenarios planteados, Catalunya En Comù, aparece como el fiel de la balanza. Este partido ha anunciado que contempla dos opciones radicalmente distintas: aliarse con el PSC –si se desmarca de las medidas del gobierno de Rajoy– o apoyar al ERC, si abandona su pretensión de seguir con una declaración unilateral.

El 21 de diciembre en la noche el bando ganador interpretará su triunfo: los independentistas hablarán de la constatación de los resultados del referéndum del primero de octubre y los constitucionalistas de la confirmación de la mayoría silenciosa que reconoce a España como su país. En ambos casos, los matices serán necesarios, los resultados en las urnas estarán lejos de zanjar la discusión, por lo que es importante que participe el mayor número posible de electores. El gobierno que se forme debe aspirar a la mayor legitimidad posible. Tendrá retos apremiantes por delante, entre ellos revertir los costos económicos de la declaración de independencia, la confrontación de la sociedad catalana y la necesidad de trabajar a favor de la reconciliación.

Twitter: @lourdesaranda

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