Opinión

Transparencia del siglo XXI

Hace dos semanas el secretario de Hacienda anunció la plataforma de transparencia de proyectos de inversión en entidades federativas y municipios. La noticia no ha recibido la cobertura mediática que merecía. Con tantas prioridades en el horno legislativo y económico, temas como transparencia y rendición de cuentas pasan a tercer y quinto término. Parecería que sólo las “malas noticias son noticia”.

La iniciativa es, sin embargo, de la mayor trascendencia. La única manera en que vamos a erradicar la corrupción en México es si el gobierno actúa con firmeza en que se cumpla la ley con mayor transparencia y si los ciudadanos asumimos la tarea de darle seguimiento al uso de nuestros recursos.

La opacidad es inadmisible. Antanas Mockus en Colombia se refiere a los recursos públicos como sagrados. Son el dinero de todos, pero sobre todo, de quienes menos tienen. Son los recursos que la sociedad (aquí nos urge ampliar la base) aporta al Estado para que este brinde servicios públicos de calidad, educación, salud, seguridad, que permitan cerrar las brechas de la desigualdad económica y social.

La corrupción daña más a los más pobres. Es inadmisible. De ahí la importancia de que los ciudadanos podamos conocer de manera accesible, dinámica y abierta todas las obras públicas en las que se destinan recursos federales, estatales o municipales.

Es un paso importante, pero hay que ir más lejos. En Colombia se han puesto en marcha las “veedurías ciudadanas”, para ejercer vigilancia de la gestión pública y la correcta aplicación de todos los recursos fiscales.

Las Veedurías ejercen vigilancia preventiva y posterior del proceso de gasto, en tiempo real, haciendo recomendaciones escritas y oportunas a las entidades que ejecutan el programa, proyecto o contrato y ante los organismos de control interno de la dependencia en cuestión. No tiene mayor caso hacerlo dos años después de que el dinero se ejerció.

México requiere de una figura similar. Un mecanismo de participación en el que los ciudadanos podamos vigilar que los recursos se ejecuten conforme a lo programado, que las obras queden bien realizadas, que los servicios se presten de forma eficiente y en general que nuestros derechos no sean violados. ¡¡Tristemente, en México nos sobran ejemplos gravísimos de lo contrario!! Ya ni que decir de la impunidad con que se realizan.