Opinión

Transgénicos: beneficios y riesgos potenciales


 
Un análisis de los costos y beneficios de utilizar organismos genéticamente modificados (OGM) en la producción agropecuaria requeriría escribir un tratado, ya que involucra elementos científicos, técnicos, económicos y, también, ideológicos; de hecho, hay varios de todas las tendencias, a favor y en contra.
 
De los 25 países con una producción significativa de bienes agrícolas que emplean OGM, México ocupa el lugar 16 con 160 mil hectáreas sembradas –más de 90 por ciento de algodón y el resto de soya– muy por debajo de los grandes productores (Estados Unidos, Brasil, Argentina, Canadá y China), que cosechan cada uno más de 10 millones de hectáreas anuales de maíz, soya, algodón,  y otros productos, pero también de varios países asiáticos y latinoamericanos, como Bolivia, Paraguay y Uruguay. Nuestro país es un gran importador de maíz amarillo genéticamente modificado: entre 9 y 10 millones de toneladas por año, equivalente a casi 30 por ciento del consumo nacional del grano y que se destinan para alimentación pecuaria.
 
 
Entre los beneficios de los OGM, los más relevantes son: combate más eficaz de plagas y malezas, con bajos requerimientos de plaguicidas y herbicidas; mejor aprovechamiento del agua para riego; y un uso menos intensivo de maquinaria debido a prácticas de labranza de conservación, que involucran una menor preparación de suelos para la siembra y, por tanto, menos combustibles. A nivel mundial en 2012 se “ahorraron”, o no se aplicaron, 473 mil toneladas de plaguicidas. y se evitó la emisión de 23 mil millones de kilogramos de CO2, lo que fue equivalente a retirar más de 10 millones de automóviles de la circulación. Además, la menor afectación de plagas se tradujo en un rendimiento promedio de la producción superior a 10 por ciento con respecto al uso de semillas “convencionales”, lo que se tradujo en mayores ingresos para los productores.
 
 
En cuanto a los riesgos asociados destacan, en especial para México y para el maíz, los de tipo ambiental en la medida que el país es centro de origen y existen más de 50 variedades de maíces nativos o “criollos”. En este ámbito, más que una “contaminación” que pudiera afectar a esas variedades de maíz o a otras especies vegetales o animales, que es controlable con medidas de bioseguridad adecuadas, el riesgo radica en que los productores abandonen el uso de semillas convencionales frente a una mayor rentabilidad de los OGM. La solución no es prohibir los OGM sino darle viabilidad económica y una adecuada protección a las variedades tradicionales tanto en campo como en bancos de germoplasma.
 
Otro riesgo, no menor, es el carácter oligopólico de la industria transnacional productora de semillas GM y las prácticas no competitivas que podrían enfrentar los productores agrícolas, como aumentos injustificados de precios de las semillas. Una vez más, la prohibición no es la solución sino, en su caso, aplicar el marco jurídico de competencia económica. Ese oligopolio hoy existe en la venta de semillas híbridas de maíz que se siembran en más de 5 millones de hectáreas en el país.
 
 
En materia biotecnológica México va lento. Se importan productos GM con la consecuente pérdida de ingresos para los productores nacionales, a favor de los de otros países, y elevados costos en divisas; no se generan los beneficios potenciales de un menor uso de plaguicidas y herbicidas y, lo que es más grave, se inhibe la investigación nacional en la materia. Desde hace varios años el Cinvestav del IPN ha trabajado en el desarrollo de una variedad de maíz resistente a sequía, que no es un transgénico (organismo con un gen fuera de su rango de compatibilidad sexual) sino un cisgénico (organismo con un gen de su propia especie), pero las restricciones legales, institucionales e ideológicas han impedido que se pruebe en campo su viabilidad comercial. Es una lástima.
 
Los OGM son una biotecnología más que, con las medidas de seguridad e información adecuadas, deberían estar al servicio de los productores. Ellos son los que tendrían que tomar la decisión de cuál utilizar.