Opinión

Transformaciones

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Bandera de México (Cuartoscuro)

Llamamos Revolución a la guerra civil que inició (realmente) en enero de 1911 y cuya primera etapa terminó unos meses después, de forma bastante tranquila, pero que alteró de tal forma los equilibrios políticos del país que fue seguida por otras dos etapas bastante más cruentas. Una, que inicia con la muerte de Bernardo Reyes el 9 de febrero de 1913 y termina en agosto de 1914 con la huida de Huerta, y la otra, que en realidad inicia antes del fin de la segunda y que termina hacia 1916 con la victoria definitiva de Obregón, y su jefe Carranza, sobre villistas y zapatistas. Los ganadores deciden reformar por completo la Constitución, y el 5 de febrero de 1917, cuando la de Juárez cumplía 60 años, se promulga la nueva.

Pero van a pasar muchos años para que esa nueva Constitución se convierta en el marco de referencia del país. Primero hubo que hacer nuevas leyes, luego hubo que aplicarlas (aunque fuese algunas y más bien para afianzar el poder político). En mi opinión, este período termina con Lázaro Cárdenas, que en tres años le da un giro a la política, y con base en la movilización de obreros y campesinos crea el sistema presidencialista y corporativo que funcionará casi todo el resto del siglo. Cárdenas termina su obra en 1938, con la nacionalización de la industria petrolera y la destrucción de Cedillo. En 1940 impone a su sucesor, y de ahí en adelante.

En el fondo, el sistema político mexicano construido por Cárdenas no tiene grandes diferencias con la manera como funcionaba la Corona Habsburgo, que gobernó México durante dos siglos y medio, y cuya herencia era fácilmente recuperable. Por eso, en apenas 30 años, el sistema no sólo funciona, sino que parece representar el alma nacional. También por eso es fácil culpar a Porfirio Díaz de muchas cosas que correspondían a los intentos modernizadores (el Borbón de fines del XVIII y el de Juárez y el mismo Díaz de fines del XIX).

Aunque los dos esfuerzos buscaban modernizar, el segundo, que fue especialmente exitoso, tenía el defecto de enfrentar a la población a la incertidumbre. Precisamente lo mismo que vivieron los europeos (en Europa y en otras partes) en siglos previos, y que es compañía inexorable de la época moderna. La incertidumbre está detrás del pensamiento plural, de la democracia, y del libre mercado, pero no cuadra fácilmente con los humanos. De ahí las “alternativas” de los últimos doscientos años, que ofrecen seguridad a toda costa, y por eso son tan atractivas para algunos.

La alternativa latinoamericana fue esa recuperación de sociedad orgánica con gobierno autoritario que promovió Cárdenas, y que aparentó funcionar en la posguerra (porque entonces todo funcionaba). Desde mediados de los sesenta, inició el derrumbe. En algunas partes, con dictaduras militares; en otras, con revoluciones; y la mayoría con crisis económicas mayúsculas a partir de 1982.

Llegamos entonces al tercer intento de aprender a vivir en la incertidumbre. En México, el proceso de cambio inicia con la década de los noventa, y a la mitad de ella enfrenta una reacción muy violenta, que sin embargo nos abrió el camino de la democracia. Terminamos buena parte de los cambios hace un año, y desde entonces enfrentamos una nueva reacción violenta. Mucho menor que la de 1994, pero existe. En lo positivo, creo que nos ha abierto el camino del Estado de derecho, por fin.

Llevamos menos de 30 años en una transformación que costó siglos en otras partes del mundo. Hasta el momento, este proceso es incluso más exitoso que el cardenista. Pare de sufrir.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter:
@macariomx

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