Opinión

Tragedias mexicanas

 
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Lesby

Uno. La española editorial Gredos, ha puesto a circular su colección de clásicos de la antigua, pero moderna, literatura grecolatina, en supermercados (que se multiplican) y puestos de periódicos (que ya casi desaparecen).

Dos. Estrategia de vulgata que bien podría seguir, aquí, la formidable colección, bilingüe a diferencia de Gredos en España, Bibliotheca Graecorum et latinorum mexicana, que viene publicando la UNAM desde los 40’s del pasado siglo (si es que, en efecto, ya pasó).

Tres. En memoria del estudiante de arte dramático que fui (INBA), me he aplicado a los trágicos hasta hoy aparecidos, Esquilo y Eurípides. En esos deleites andaba, cuando una noticia radiofónica de madrugada (en MVS), me puso los pelos de punta.

Cuatro. Lugar: San Jerónimo Lídice, al sur de la Ciudad de México (¡qué CDMX ni qué ocho cuartos!), población originaria ocupada por familias de políticos e intelectuales de recursos. Confinamiento domiciliario del ex-presidente Luis Echeverría, primer caso de una enfermedad que se volverá endémica: la insuficiencia presidencial.

Cinco. Un esposo sexagenario, padre de una hija madre de tres niñas, suministra un compuesto de fármacos a su familia, antes de ingerirlo él mismo. Se encuentra muertos al abuelo, a la hija y las nietas, sin que la policía advierta signos de violencia en la casa.

Aunque grave, sobrevive milagrosamente la esposa y madre y abuela. El autor del estremecedor, trágico por donde se le vea, episodio, dejó una carta suicida.

Seis. En manos del Ministerio Público queda la investigación de los hechos, que la prensa popular porfiriana no hubiera dudado en llamar “¡Espeluznantes!”, sus antecedentes, motivo, implicados si los hay. Árbol, follaje, frutos derrumbados de un cuajo.

Siete. ¿Qué lleva a un hombre, la vida hecha, al exterminio (¡como calificarlo si no así!) de su propio clan, ya de tres generaciones? ¿Qué hay detrás? Se adelantan hechos no menos pavorosos, y el detonador de una resolución judicial en la vena de la desastrosa, anti-social, justicia mexicana, la que al reformarse imperita está llenando las calles de delincuentes y, (se clama) inclina la balanza del lado de los victimarios.

Ocho. Me voy habituando a “leer” (dice le-er, no ler) signos, señales, pistas, indicios, en las calamidades naturales y sociales. Mensajes que expresan la descomposición, la decadencia, la caída sin red al vació de una sociedad, la nuestra.

Nueve. Explosiones volcánicas, mar de fondo, el desusado brillo del sol abrasador de estos días. El inmenso fraude de la fementida democracia electoral, en la que no pocos intelectuales, bajo el Mito del 68, y la inocente interpretación de la LOPPE de 1976 (maniobra de todo un sistema para legitimarse), la hicieron de “intelectuales orgánicos”.

Diez. Terrible equivocación histórica de la inteligencia que hoy intenta ocultarse con expresiones de desencanto, azoro, réquiems al por mayor, asco incluso. Todo menos la auto-crítica, la sincera y creativa contrición.

Once. Al igual que lo ocurrido con Lesby, la hayan matado o se privara de la vida, el masivo crimen de San Jerónimo Lídice es asesinato social. Y no puedo menos que evocar la expresión de una alta y guapa funcionaria del equipo de López Portillo, amante del presidente, que calificó la aventura de “violación social”.

Doce. Pues bien: desubicado, fuera de la escena de la tragedia, el “Coro” (pieza clave de la tragedia clásica) se desgañita con asuntos a la postre baladíes, previsibles. Si el expriista (ADN, me dice un viejo zorro de la política, indeleble), travestido de experredista, le tundió o no a Alfredo del Mazo, hijo y nieto de gobernador. Si, en Veracruz, ya está
cantado que Yunes hijo sucederá a Yunes padre. Si Margarita Zavala, aspirante a la presidencia, no podrá con el lastre del esposo…

Trece. Donde el “Coro”, nosotros, las familias mexicanas, deberíamos mirarnos es en el espejo de la tragedia que tuvo, tiene lugar, en un paraje de la capital de la República (que en tanto sede de los manirrotos Poderes Federales, seguirá siendo, se quiera o no, Distrito Federal).

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