Opinión

Tragedia en Medio Oriente

A las comunidades israelitas en el mundo entero les incomoda sensiblemente el abordaje de este delicado tema, desde la perspectiva de “las víctimas palestinas”. Por décadas han tratado en Europa y en América –México no es la excepción– de difundir una visión más equilibrada o balanceada que transmita la igualdad de responsabilidades y el hecho de que Israel es también blanco de ataque y de cohetes por parte de los palestinos, o mejor dicho, de las organizaciones islámicas radicales y extremistas: Hamás, Yijad Islámica y Hezbolá –aunque en este caso la última no ha participado.

Comparto la visión de ataques mutuos y recíprocos, aunque a estas alturas en el conflicto centenario o para algunos, milenario, es difícil establecer las causas primigenias. Desde que Winston Churchill dibujó el mapa del Oriente Medio después de la Segunda Guerra Mundial, el pueblo palestino se quedó sin un territorio que en los mapas ancestrales del siglo XIX o principios del XX, se llamaba Palestina. Desde entonces los enfrentamientos y ataques, las guerras, los territorios ocupados, han sido una historia de sangre y desencuentros, de odio religioso y étnico, de terrorismo y de animosidad bélica. Hoy, a casi un mes de iniciada la operación Margen Protector lanzada por Israel en contra de Gaza, los números son elocuentes:

1766 –hasta ayer– palestinos muertos en los ataques, de los cuales 68 por ciento son civiles. Entre ellos, 377 son niños y 196 mujeres según la ONU. Hay más de nueve mil heridos registrados en el lado palestino. En Israel han fallecido 64 soldados y dos civiles. Los palestinos han disparado tres mil 180 cohetes desde el 8 de julio. Dos mil 486 de ellos han caído en Israel, mientras que casi 600 han sido neutralizados por el sistema antimisiles Cúpula de Hierro. Israel ha lanzado cuatro mil 645 ataques contra Gaza que han producido blancos efectivos en cuatro mil 150 puntos. Los cohetes disparados por los palestinos son en su mayoría Grad y Qassam con alcance que fluctúa entre cuatro y 70 kilómetros, de tecnología soviética. Han disparado sobre todo hacia Tel Aviv, Jerusalén y Haifa.

Los ataques israelitas usan misiles teledirigidos de tecnología propia y americana, las más desarrolladas del mundo. Han disparado sobre Rafah y muchos otros centros de concentración urbana, en prácticamente toda Gaza. Todos estos reportes podrían hacer parecer que es un enfrentamiento entre iguales, pero la realidad demuestra una faceta diferente. Muchos blancos israelíes han afectado a los civiles, lo demuestran los números de la ONU. Escuelas, hospitales, centros de refugiados, instalaciones propias de la ONU que han provocado la enérgica protesta del secretario general Ban Ki-moon.

La ONU afirma que a Israel le han suministrado coordenadas precisas de sus instalaciones, a pesar de lo cual han sido blanco de ataque. El discurso oficial de Israel es que los palestinos usan instalaciones civiles como escudos, incluso humanos y eso, como hemos comprobado, no ha impedido la fuerza de sus ataques.

Hace muchos años que Medio Oriente no vivía una situación de guerra como la de hoy. Israel ha llamado a 65 mil reservistas, lo que no se había registrado desde hace más de 10 años. Desde hoy existe por intervención de Egipto, un nuevo alto al fuego por las siguientes 72 horas. El anterior, fallido, se extendió sólo por seis horas.

La red hospitalaria palestina está desmantelada. De 54 clínicas en Gaza sólo 17 están en operación y cada una tiene a un promedio de 200 pacientes internados. Estamos en el vértice de un desastre humanitario de proporciones inimaginables. Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, deben intervenir de forma vertical y definitiva, para detener a Israel y a Palestina en este desproporcionado enfrentamiento. Charcos de sangre en escuelas, cadáveres de niños apilados en neveras para helados porque no hay cabida en las morgues. Es una tragedia y la Unión Europea y Estados Unidos deben actuar de forma inmediata.