Opinión

Trabajadores bajo demanda

Cristina Simón
1
 

 

Freelance. (Shutterstock)

El empuje de la tecnología como generador de nuevas formas de actividad social, y de trabajo en particular, es absolutamente imparable.

No hay más que echar un vistazo a la web Gigwalk, que ya cuenta con más de un millón de “trabajadores”, para visualizar el cambio en el mundo laboral y sus posibles consecuencias económicas y sociales. Esta start-up que nació en 2011 pone en contacto a empresas que ofrecen pequeños trabajos muy puntuales (llamados “gigs”) con toda una red de miembros que los realizan por un pago que oscila de media entre 6 y 90 dólares. Una de las mayores aplicaciones es el equivalente a los “mistery shoppers” o la recogida de información sobre merchandising en tienda.

Imaginemos que un distribuidor mayorista quiere verificar que su producto está correctamente suplido y presentado en tiendas. Los Gigwalkers que se encuentren cerca de las tiendas reciben y aceptan el encargo por geolocalización, y simplemente se acercan a la tienda, sacan una foto con su móvil y la envían por la plataforma. El pago se realiza por un sencillo sistema de cuentas en las que se registran tanto empresas como miembros de la red. Parece que en seis meses puede llegar a ganarse más de 2.000 dólares a base de nano-trabajos de este estilo. Un modelo innovador, sencillo y brillante.

Un reciente estudio realizado por McKinsey recoge que más de 160 millones de personas en Europa y USA (una cuarta parte del total de trabajadores) se han acogido a una modalidad de trabajo bajo demanda.

La consultora ha realizado una segmentación en cuatro grupos: los free agents, o freelancers puros; asalariados casuales, que complementan sus ingresos con este tipo de actividades; reticentes, que viven de este modelo pero preferirían trabajar bajo un esquema tradicional; y necesitados, que no tienen más remedio que recurrir al trabajo bajo demanda para mantenerse. Parece que el 70 por ciento de los trabajadores pertenecen a las dos primeras categorías, lo cual es una noticia excelente. La generación de nuevos nichos de actividad laboral siempre es positiva, sobre todo en momentos como el presente en que los puestos de trabajo tradicionales parecen un fenómeno a extinguir.

Hará falta sin embargo legislación en los distintos países que regule estos flujos de trabajo si no queremos aumentar aún más las desigualdades económicas y sociales, dado lo precario que puede llegar a ser este tipo de relación laboral.

La autora es profesora IE BUSINESS SCHOOL y directora de MBA IE BROWN.