Opinión

Torreón: micro laboratorio policiaco


 
TORREON, Coahuila.- Como los buenos resultados no se cosechan en árboles, la lucha contra la inseguridad tiene un factor clave: la reorganización de la policía municipal, el primer contacto con la ciudadanía.
 
 
La historia de la limpieza de la policía del municipio de Torreón no por previsible deja de ser sorprendente: el alcalde Eduardo Olmos Castro tomó la decisión de ir a fondo --hasta el fondo-- del problema y en marzo de 2010 ordenó la renovación de la policía municipal: de los 800 agentes sólo media  --una mujer por cierto-- pasó los exámenes.
 
 
El hecho de que el 99.9 por ciento de la policía municipal hubiera reprobado los exámenes de control de confianza dejó en claro el origen celular de la crisis de seguridad: los encargados de defender a la ciudadanía y de perseguir a los delincuentes estaban al servicio del crimen organizado. De los 800 policías, 400 decidieron no someterse al control de confianza; de los 400 restantes, 200 no pasaron el polígrafo y 199 reprobó el antidoping.
 
 
De ese tamaño es el la crisis de seguridad pública y de esa profundidad. Cuando el alcalde decidió limpiar la policía en marzo del 2010, las reacciones fueron diversas: uno de los principales grupos que pasó a las amenazas para evitar el proceso fue el de Los Zetas porque la decisión le quitaba a ese cártel criminal su escudo de protección.
 
 
El primer paso no fue fácil: el alcalde designó como jefe de la policía municipal --en un municipio clave de la Comarca Lagunera con más de 600 mil habitantes-- al general Viviano Villa, quien llegó con la mano dura hacia el interior de la corporación. La reacción fue una campaña de prensa, un paro de labores de policías, varios atentados en su contra y amenazas contra el propio alcalde Olmos Castro. Villa pasó a jefe policiaco en Quintana Roo, pero la operación limpieza continuó y se mantuvo el apoyo del ejército para construir una corporación prácticamente militarizada.
 
 
El resultado de esta coordinación triangular --gobierno estatal, municipio y XI Región Militar-- logró consolidar una fuerza policiaca diferente. La alianza con el ejército fue reforzada con la llegada del general divisionario Moisés García Ochoa en enero de este año. El saldo en cifras avaladas con documentos ministeriales está a la vista:
 
 
--Las muertes violentas en el periodo enero-septiembre de 2013 fueron 227, pero más de 60 por ciento menos que las 594 registradas en el mismo periodo de 2012.
 
 
--Las muertes violentas mensuales en septiembre fueron de 21 en este año, caso 75 por ciento menos que las 82 del año pasado.
 
 
La clave ahora se localiza en la elaboración de programas estrictos de control de confianza, mejores salarios y blindajes diversos para impedir que de nueva cuenta el crimen organizado pueda penetrar a la corporación. Ahí también participa la XI Región Militar con sus controles estrictos y aleatorios, y la supervisión civil sobre los policías municipales.
 
 
Por lo pronto, la militarización de la policía municipal de Torreón puede servir como un ejemplo micro del problema nacional con las policías. De hecho, no habrá una verdadera solución al problema de la inseguridad y el crimen organizado si el Estado en sus diferentes niveles carece de una policía confiable que sirva a los intereses de la sociedad y no a los de los cárteles criminales.
 
 
El microcosmos de Torreón ha llamado la atención por haber sido una zona de operación de Los Zetas, un cártel hoy diezmado pero aún latente en su capacidad de daño. Y Torreón ha probado que programas estrictos y una mayor intervención del ejército en la depuración, organización, capacitación y controles de confianza pueden dar algunas soluciones al problema de la inseguridad.
 
 
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