Opinión

Tordesiillas, vergüenza de España y de la humanidad

 
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una oreja cortó Zotoluco al toro que abrió plaza tras hacer una faena medida, inteligente y templada, ante un toro nada fácil. (Alejandro Meléndez)

Este año se llamó “Rompesuelas” y fue asesinado el pasado quince de septiembre en la bárbara localidad española de Tordesillas. Cada año lo hacen, lo repiten, matan a un inocente…y también matan a la razón y a la civilización que debiera caracterizar a un país europeo en el siglo XXI. Se trata del vergonzoso evento denominado “Toro de la Vega”, que no tiene mayor atractivo que el de ser un evento legalmente autorizado y pagado con recursos del gobierno en que se da permiso a la bestia que llevan dentro muchas personas, para que puedan mostrar su crueldad, sus dotes de asesinos y su gusto por la muerte, disfrazados de toreros aficionados o más bien, frustrados.

En esta insensible celebración, se deja libre por las calles del pueblo a un toro de lidia, con la finalidad de que los asistentes lo maten, así sin más. Se permiten lanzas para ser clavadas en su carne, cuchillos y demás instrumentos punzo cortantes para terminar con la vida de un inocente animal que lo único que intenta es huir y protegerse…pero está condenado desde que inicia la aberrante celebración a ser asesinado por una bola de anormales que ven en esta barbarie la defensa de una cultura y de una tradición. Dicha postura, irracional y sin mayores argumentos que la defensa del “derecho a matar”, contrasta con los avances que se han hecho alrededor del mundo en cuanto al combate a la crueldad animal.

En Alemania, existe a nivel constitucional la obligación del Estado de proteger la vida animal y combatir la crueldad; en Argentina un tribunal federal sentenció a favor de un orangután viejo que habitaba en un zoológico local para que pudiere ser traslado a un santuario para este tipo de animales en Brasil, aún en contra de la voluntad de los dueños del primate; en México hemos avanzado mucho en esta materia, como es el caso de la penalización en diversos estados de la república del maltrato animal, que tuvo su clímax reciente cuando un valiente Juez de Distrito otorgó un amparo a favor de un perro llamado Capitán, para evitar que fuera sacrificado después de haberse defendido de una agresión de parte de unos niños en Iztapalapa.

Y esta es la tendencia mundial hacia la protección de los derechos animales que, sin embargo, ha encontrado serias resistencias en muchas latitudes del planeta bajo el falaz argumento que dicha crueldad, es parte de una cultura y de una tradición, y las posturas de los defensores de la fiesta brava, son insuficientes para detener una condena social cada vez más extensa. Nada justifica una crueldad por gusto. Recientemente, se prohibieron las corridas de toros en el estado de Coahuila lo que se sumó a la abolición de los circos con animales entre otras medidas, lo que deja ver hacia dónde se dirige el sentir de los mexicanos. Habrá que instrumentar las políticas públicas que se requieran para hacer que estas disposiciones puedan aplicarse de manera correcta y no se queden sólo en anuncios políticos que busquen el relumbrón fácil, porque hay que reconocer que en México, aún falta mucho por hacer.


El Toro de la Vega, despierta una polémica cada vez mayor no sólo dentro de España, sino también fuera de ella. Es predecible que este tipo de “tradiciones” o “espectáculos” están destinados a desaparecer –más pronto que tarde- porque hay una mayoría social que los condena y los desaprueba. La tendencia mundial va hacia allá. Es en este contexto que uno se pregunta, ¿cómo en un país tan avanzado en algunas cuestiones como lo es España siguen permitiendo esta crueldad absurda y la llaman tradición? El Toro de la Vega no debería existir, es condenable azuzar el gusto por la muerte y la crueldad animal permitiendo que la gente asesine impunemente a un pobre toro. En tanto esta festividad no sea abolida, cada 15 de septiembre –fecha de celebración de esta carnicería- Tordesillas será la vergüenza de España…y España, la vergüenza de la humanidad.

Twitter:@carlosjaviergon

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