Opinión

Topo Chico, ¿adiós al 'Bronco'?

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Bronco. (Cortesía)

1. El motín de Topo Chico ha producido que los partidos políticos se rasguen las vestiduras. De frívolo e irresponsable no han bajado al Bronco. Y añaden que sus veleidades de ser candidato a la presidencia se habrían hundido irremediablemente. Pero, cuando uno los oye, la primera pregunta que brinca es si no se dan cuenta que se están mordiendo la lengua. Porque es un hecho que el nuevo gobernador apenas lleva cuatro meses en el poder y la crisis penitenciara tiene décadas. Baste recordar que El Chapo se fugó de Puente Grande en 2001.

2. El sistema carcelario mexicano no es un mundo aparte. Es una expresión de la crisis del Estado de derecho. Las prisiones no sólo están sobrepobladas, sino que un gran número de reclusos están detenidos por haber cometido delitos menores (robos inferiores a dos mil 500 pesos) o se les procesa por el solo hecho de portar un carrujo de mariguana. Nada más sencillo, en consecuencia, que liberarlos para reducir el problema de sobrepoblación y corregir la injusticia. Pero nadie se ocupa ni lo propone.¿Por qué?

3. Más grave aún. Las cárceles están, en realidad, gobernadas por el crimen organizado. Según algunas estimaciones, 65 por ciento de los reclusorios se encuentran en esa condición; aunque otras fuentes consideran que la cifra real es 85 por ciento. El hecho de que se siga delinquiendo desde los reclusorios, en crímenes tan graves como el secuestro y la extorsión, confirma que la clase política habita en otro planeta.

4. Pero eso es sólo una cara de la medalla. La otra es lo ocurrido en Almoloya. La fuga del Chapo, más que una increíble obra de ingeniería, es un monumento, del tamaño de la pirámide del Sol, a la corrupción. A lo que hay que agregar una verdad evidente: el túnel que conecta Almoloya con las prisiones locales, autogobernadas por la delincuencia, también se llama corrupción.

5. Otro aspecto capital de la crisis del Estado de derecho es el pésimo funcionamiento del sistema de impartición de justicia: 42 por ciento de los reclusos en 2015 estaban esperando recibir sentencia. Y eso sin referirse a los niveles de impunidad que alcanzan 98 o 99 por ciento de los delitos.

6. Así que no hay que hacerse bolas. Un sistema de procuración de justicia que no castiga, que deja el control de las prisiones en manos de los delincuentes y no sentencia a los reclusos es, en estricto sentido, un sistema de justicia fallido.

7. Por lo demás, un recuento de las fugas de las prisiones y los motines confirman que lo ocurrido en Topo Chico no fue extraordinario, sino completamente predecible. La realidad es que en la misma circunstancia se encuentran otros tantos reclusorios estatales. De manera tal, que la pregunta no es si volverá a ocurrir un motín, sino cuándo y dónde.

8. La situación de las prisiones no es más que la expresión de que la clase política en su conjunto no ha tenido ni tiene como prioridad el fortalecimiento del Estado de derecho. Por eso resulta ridículo que ahora se desgañiten condenando al Bronco. La fuga del
Chapo debería haber dado pie, por las repercusiones nacionales e internacionales, a una reforma radical de los penales. Pero no pasó nada. Nada de nada.

9. La solución del problema carcelario en México no exige inventar el hilo negro ni asesoría internacional. Se requieren dos condiciones elementales: a) voluntad política y b) recursos económicos. Pero ninguno de esos factores ha estado presente. En lugar de eso, tenemos una clase política ensimismada en reformar, una y otra vez, las leyes electorales o, más grotesco aún, en promulgar una Constitución para la Ciudad de México.

10. El gobierno federal, por su parte, no se puede lavar las manos por lo ocurrido en Nuevo León. La administración de Peña Nieto lleva más de tres años en el poder, durante los cuales ha presentado la coordinación entre los tres niveles de gobierno –donde el federal tiene la batuta– como un eje de su estrategia de seguridad.

11. Lo ocurrido en Topo Chico debería convertirse en el punto de inflexión. Urge una reforma radical del sistema carcelario en su conjunto. Pero para que eso suceda la clase política debería hacer un mea culpa y actuar responsablemente. ¿Sueños guajiros? Tal parece.

12. Sea de ello lo que fuere, el adiós al Bronco no es el tema.


Twitter: @sanchezsusarrey

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