Opinión

¿Tómbola o mérito?

 
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IPN

El pasado 2 de octubre se lanzó la convocatoria de ingreso para las “escuelas universitarias” que el Partido Movimiento de Regeneración Nacional ha creado y que iniciarán clases en enero de 2016. La idea es dar oportunidades educativas a jóvenes que han sido rechazados de universidades públicas; se trata de “más de 200 mil jóvenes injustamente excluidos de la educación superior” de acuerdo a www.escuelasuniversitarias.org.mx

La demanda por educación superior se incrementa continuamente en todo el mundo. La tasa de inscripción a educación terciaria ha pasado de 14 por ciento a 32 por ciento en 20 años. Contar con un título universitario representa para muchos estudiantes mejores oportunidades laborales y la posibilidad de entrar a la clase media.

Se estima que a nivel global, el incremento promedio en ingresos por cada año de educación terciaria es un poco más de 14 por ciento, con un rendimiento mayor mientras el estado de desarrollo de la economía sea menor. En América Latina, el rendimiento se acerca al 16 por ciento, mientras que en las economías con ingresos altos se encuentra alrededor de 11 por ciento.

Es interesante ver que los requisitos de las empresas para contratar no han cambiado de forma sustancial con el tiempo. Lo que sí ha cambiado es el número de personas que los cumplen. Es entonces, cuando la calidad de la educación recibida se vuelve aún más importante. La universidad de la que egresas y tu promedio le dan información a los empleadores más allá de tus calificaciones. Le habla de las habilidades que has adquirido a lo largo del tiempo, de la capacidad de pensar crítica y analíticamente. Egresar de una universidad con mayores requisitos habla de tu capacidad de sortear obstáculos, de disciplina y de esfuerzo.

El presupuesto con el que cuentan para este proyecto es limitado. Podrían darle cabida a 13 mil estudiantes, con lo cual sigue el hueco de 187 mil, según sus propias cifras. Para poder solicitar ingreso a las “escuelas universitarias” el requisito es mostrar interés y comprobar que vives en una de las delegaciones o municipios gobernados por Morena. Es decir, si vives en la Delegación Benito Juárez, por más interés que demuestres no podrás estudiar Derecho en la Delegación Cuauhtémoc o Medicina en la Delegación Tlalpan. Me pregunto si negarte el ingreso por la delegación en la que vives no es verdaderamente injusto y discriminatorio.

En caso de que soliciten ingreso más estudiantes de los que pueden recibir, la selección sería vía tómbola, como lo es en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. De acuerdo con datos presentados por La Razón, el 28 de julio de 2015 la UACM ha recibido 51 mil 333 alumnos, de los cuales se han graduado 891, un porcentaje de egresados de 1.7 por ciento. Se le han asignado recursos públicos por ocho mil 981 millones 285 mil 452 pesos, lo cual significa que cada graduado le ha costado a los contribuyentes casi 11 millones de pesos. Por lo que cuesta cada egresado de la UACM, cuatro buenos estudiantes podrían haber ido a Harvard, que tiene un porcentaje de egresados de 98 por ciento.

Entiendo la demanda insatisfecha por espacios educativos. Entiendo la necesidad de generar más espacios para desarrollar habilidades, capacidades y talentos. Entiendo la necesidad de poner un piso parejo para poder acceder a mejores oportunidades. Entiendo también que un título universitario cualquiera no es suficiente. El objetivo debería de ser dar a los estudiantes las herramientas para tener una vida mejor, no crear elefantes blancos educativos en que los estudiantes permanezcan más del doble del tiempo que toma terminar una carrera y donde más de la mitad de los estudiantes tienen un coeficiente de desempeño académico de 2.5 sobre 10.

Los espacios en la educación terciaria tendrían que ganarse por la vía meritocrática. Cuando entras a una universidad porque ganaste en una tómbola y te recibiste porque los requisitos de titulación son bajísimos, no habla de mérito, habla de suerte. Los criterios meritocráticos motivan a estudiar, a prepararse, a competir. Es la única forma en la que los estudiantes podrán hacerse acreedores de sus logros y los empleadores estarán deseosos de contratarlos.

La autora es profesora de economía en el ITAM e investigadora de la Escuela de Negocios en Harvard.

Twitter: @ValeriaMoy

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