Opinión

Todos los problemas tienen solución

   
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Psicología

Los problemas se acabarán el día que el corazón deje de latir. Por eso sería fantástico que fuéramos hábiles para resolverlos. Vivir bien es ser capaces de lidiar con las dificultades sin ser aplastados por ellas. Sólo que a veces es tanto lo que hemos acumulado sin resolver, que parece insuperable. Posponer la solución de los problemas, negarlos, minimizarlos, creer que desaparecerán solos si dejamos pasar el tiempo: todas ideas letales para vivir una vida más apacible, porque encontrar soluciones tiene un efecto inmediato en la disminución de la angustia. Resolver los nudos que la vida nos trae todos los días en ciclos de 24 horas, puede simplificar la tarea.

Se le viene el mundo encima a quien quiere resolver todo lo que va a pasar desde hoy y hasta 2018. El mantra de “sólo por hoy”, piedra angular en la recuperación de las adicciones, también sirve para enfrentar muchos otros dilemas.

Si queremos aumentar nuestra capacidad para resolver problemas es necesario desarrollar sobriedad emocional, que significa que hay que trabajar intensamente en ser más equilibrados y menos radicales en nuestra forma de pensar y de sentir. Los picos y valles en las emociones son inevitables, lo que no significa que renunciemos a perseguir el ideal de la serenidad. La mayoría daría lo que fuera por reaccionar tranquilamente cuando la vida se complica, por no perder la paz cuando el amor no basta, cuando los otros actúan en contra de nuestros deseos, cuando la desgracia se presenta sin pedir permiso.

Es importante tener buena voluntad y no solamente fuerza de voluntad. El concepto de buena voluntad tiene que ver con la esperanza inquebrantable de que siempre hay una solución si estamos dispuestos a cambiar nosotros, no a los demás ni las circunstancias, que no están en nuestro control. Si no creemos –casi con fervor– que un problema puede ser resuelto, es probable que decidamos evadirlo, y si no lo enfrentamos terminará aniquilándonos.

Hay que probar nuevas formas de resolver los problemas que no hemos logrado vencer en el pasado. Si intentamos las mismas soluciones obtendremos los mismos resultados. Aferrarnos a nuestros viejos e ineficientes métodos para enfrentar la dificultad es garantía de fracaso.

Un método para resolver problemas consta de los siguientes pasos:

1. Identificar el problema, ponerle nombre, enunciarlo de la forma más concreta posible. Por ejemplo, decir “no soy feliz” es demasiado general. El problema debe ser fragmentado en partes para que sea más fácil pensar en soluciones. Preguntarse qué cosas te hacen infeliz es más útil.

2. Priorizar porque no todos son urgentes. Identificar cuáles deben ser resueltos de inmediato es central, y uno a la vez.

3. Adueñarse del problema, que no es lo mismo que culparse, sino identificar qué conductas personales contribuyeron a crearlo.

4. Hacer una lista de posibles soluciones que no han sido intentadas en el pasado, imaginar lo que podría pasar al elegir una solución, saber que puede ser temporal o permanente, rápida o más integral, de corto o de largo plazo. Depende de lo que se trate. Lo importante es lanzarse a pensar en las soluciones y llevarlas a cabo. La reflexión sin acción se vuelve obsesión estéril.

5.
Hacer un plan y apegarse a él, dejando claro cómo, cuándo y dónde. Aprender de los resultados día con día. Si funciona, conservarlo. Si no, echar a andar el plan B, el C, el D. Terminarse el abecedario si hace falta.

La vida puede ser entendida como un cúmulo de problemas que necesitan solución. Asumir ciertas realidades duele. Podemos explotar, minimizar, evadir, exagerar, vivir resentidos, abrumados, decidir impulsivamente, paralizarnos. O decidir enfrentarlos con responsabilidad, confianza y buena voluntad.

*Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.

Twitter: @valevillag

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