Opinión

Todos los nuestros son buenos

 
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El monarca de las sombras. (http://www.gandhi.com.mx/el-monarca-de-las-sombras-1)

Todos creemos hablar (pensar, actuar) desde el lado correcto de la Historia. Los que pensamos de este modo tenemos la razón, los otros son los vendidos, los ignorantes, los ciegos. Desde cada bando se descalifica al opuesto. Eres neoliberal o chairo, como antes eras comunista o fascista. Y en la Revolución francesa, de izquierdas o derechas. Feminista o falocéntrico. Estás en un bando o en otro. Los que están conmigo son los buenos. Tenemos la razón. Somos moralmente superiores. Leemos la Historia a nuestro favor.

En 1936, en España, ¿quién tenía la razón? Cada bando actuó según sus propios motivos. Republicanos y falangistas. La guerra la ganaron los primeros. Pero en este caso la mejor Historia la escribieron los derrotados. Ellos eran los razonables. No los que dieron un golpe de Estado y gobernaron con mano dura cuatro décadas. Qué fácil descalificarlos ahora: golpistas, reaccionarios. Desde aquí, desde el lado correcto de la Historia, juzgamos. Las historias que tratan de entender la mentalidad opuesta se consideran revisionistas y son condenadas.

Javier Cercas (El monarca de las sombras, Random House, 2017) trata nuevamente de entender. ¿Qué llevó a ese joven soldado republicado a salvar la vida de un alto mando de la Falange, como en Los soldados de Salamina? ¿Desde qué fondo histórico sacó la energía Adolfo Suárez para oponerse al golpista Tejero en la toma del Congreso, como en Anatomía de un instante? ¿Por qué Enric Marco pasó la vida mintiendo y engañando a todos? ¿Tal vez porque España quería mentir y engañar a todos, como en El impostor? Javier Cercas interroga de nueva cuenta la Guerra Civil. ¿Por qué los falangistas y franquistas, a los que juzgamos pertenecientes al lado equivocado de la Historia, fueron tan atractivos para tantos españoles a principios de los años treinta, especialmente entre los jóvenes que los seguían por cientos de miles?

Entre ellos Javier Cercas destaca a uno: Manuel Mena. Un oficial falangista que murió a los 19 años en la Batalla del Ebro. Se alistó dos años antes, en 1936, con la enfebrecida esperanza de luchar por su patria, a la que veía amenazada. Javier Cercas investiga la corta vida de Manuel Mena para comprender a los ganaron la guerra pero perdieron la Historia. Para entender, que no justificar, las razones de los fascistas. Porque Manuel Mena fue su tío abuelo. Porque la historia fascista es también parte de la historia personal de Javier Cercas. Para entender el fascismo español, investigó las razones de su familia. O tal vez, para entender las razones de su familia, ha investigado y novelado las razones del fascismo español.

Todos tendemos a maquillar o edulcorar las cosas más desagradables de la vida. En la España post franquista y moderna lo común es que todos digan: “Nada tuvimos que ver con Franco”. Cuando con Franco todos, salvo un puñado de valientes, tuvieron que ver por acción o comisión. Una parte del pasado español se escamoteó porque daba vergüenza. “Sin el pasado el presente es mutilado”, dice Cercas.

¿Y por qué Cercas desentraña esta historia del fascismo español que es la historia de su familia, su historia más bochornosa? ¿Qué lleva a Cercas a hablar de lo más obscuro de su pasado familiar? Porque “hoy vuelve el fascismo con otras máscaras”, se sumergió Cercas en “la cifra exacta de la herencia más onerosa de mi familia” y así pudo ver que hay buenas personas apoyando causas nefastas y canallas que apoyan buenas causas. Quiso entender por qué un joven de 17 años se fascinó con un movimiento fascista y se enlistó en su ejército pensando que iba a luchar por su patria. Entendió que, si se mira con atención cualquier pasaje histórico, desaparecen el blanco y negro. En su lugar aparece una amplia paleta de hechos, contradicciones y repeticiones.

Para comprender el complejo presente en el que los fascistas parecen estar de vuelta, profundizó Cercas en su pasado familiar más ominoso y encontró en él la historia de un joven que se creyó en el lado correcto de la historia y perdió la vida a los 19 años. Ese joven falangista quizás alcanzó a entrever las razones de los otros antes de que le sobreviniera la muerte.

A poco más de un año de la próxima elección presidencial mexicana, parece prudente reflexionar acerca de las posiciones irreconciliables de las que seremos testigos, del “desmoronamiento de la convivencia pacífica y la crisis de la fe en la democracia”, y de cómo ambas crisis pueden terminar por infectar todo el país.

Twitter:@Fernandogr

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