Opinión

Todos los miedos

   
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Trump. (Reuters)

Hace algún tiempo que intento transmitir algunas ideas acerca de cómo funcionamos los seres humanos en sociedad. De acuerdo con mi planteamiento, hay un elemento determinante en cómo interpretamos la sociedad que resulta de la forma en que nos comunicamos. La invención de la escritura, su transformación en un sistema abierto, la imprenta, los medios electrónicos, han sido diferentes etapas que han abierto o cerrado espacios a ideas que siempre están ahí, pero que no florecen en cualquier esquema comunicacional.

Pasar del lenguaje simple a la escritura nos permitió construir religiones, primero locales y luego universales, que dieron el sustento ideológico a grandes núcleos de población y sus dominios territoriales. La imprenta, lo comentábamos hace unos días, multiplicó el flujo de ideas y con ello hizo más difícil la supervivencia de la religión y más fácil el avance de la razón. Los medios electrónicos destruyeron ésta y la sustituyeron con las sensaciones, que han sido la esencia del último siglo. Ahora entramos a una nueva etapa, con las tecnologías de información y comunicaciones, y especialmente con las redes sociales.

En cada una de las transiciones, que no son rápidas, hemos tenido momentos de gran violencia. Es evidente en el inicio de las ciudades, hace seis mil años, y más aún en el tránsito, hace tres mil 500 años, a la escritura más abierta (el alfabeto, en occidente). Poco después de la imprenta tuvimos guerras terribles, que se llevaron a más de 30 por ciento de la población en buena parte de Europa. Poco después del cine sonoro y la radio vinieron las grandes matanzas del siglo XX: la Segunda Guerra Mundial, los millones de muertos de Stalin y Mao, y todo lo que siguió.

Uno pensaría que aprendemos, pero no. El tránsito a las nuevas formas de comunicación, que está en proceso desde hace unos años, implica que las ideas previas dejan de ser fructíferas, mientras que otras intentan sustituirlas. En ese tránsito lo que crece es la incertidumbre y, con ella, el miedo. Ese miedo es lo que aprovechan algunos para obtener poder. Líderes anónimos, hace miles de años; líderes religiosos, hace quinientos; líderes nacionalistas y comunistas, hace menos de cien; y hoy, líderes mediáticos, celebridades con gran capacidad comunicacional y pocos escrúpulos.

Hace quinientos años, el derrumbe de la religión fue el origen de las guerras; hace menos de cien, fue el derrumbe de la razón, deformada para sostener al nacionalsocialismo eugenésico y al comunismo 'liberador'. La esencia de los medios electrónicos es el sentimiento, y eso es lo que se desfigura para alcanzar el poder. Los líderes religiosos de hace medio milenio creían estar regresando a las raíces de la Iglesia; los políticos de hace un siglo estaban seguros de estarle dando a la razón su verdadera dimensión social; las celebridades mediáticas de hoy creen estar en verdadera conexión con los sentimientos de sus seguidores.

Note usted que hoy tenemos una región del mundo con quinientos años de rezago, para la que la razón misma es una amenaza; tenemos otra en la que se aplica el mayor rigor de la extinta planeación soviética, a través de una burocracia mafiosa; hay una tercera que ha pasado todas las etapas casi de forma tangencial, con una figura de emperador que fue en tiempos hijo del cielo, comunista, y personalidad de culto. Hoy tal vez sea todo eso junto.

Es en la cuarta región en donde se sufre el cambio. Han avanzado los liderazgos mediático-políticos en Europa, pero no hay nada comparable a la amenaza que significa Donald Trump. Aunque ya ha hecho daño, no es nada comparable con lo que ocurriría si llega a ganar la elección presidencial, como mañana veremos.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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