Opinión

Todos en campaña

 
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Ciudadanos emiten su voto en la Ciudad de México

En 2016 México vivió el proceso electoral de 13 estados: Aguascalientes, Colima (elección extraordinaria), Chihuahua, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Sinaloa, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas. Fueron elecciones importantes porque en algunos estados marcaron no solo la alternancia, sino el hartazgo de la población frente a la corrupción y al robo rampante y descarado de los gobernadores y sus allegados. De los 12 estados que tuvieron elecciones, el PAN ganó en siete (con algunas alianzas) y el PRI los restantes.

Los nuevos gobernadores de algunos estados, como el de Veracruz, el de Quintana Roo y el de Chihuahua, enfrentarán duras pruebas económicas y de carácter. Tendrán que mostrar que tienen la capacidad para resolver si no todos, algunos de los problemas de su estado y probar que pueden cumplir sus funciones con honestidad. Todavía es pronto para saber si podrán hacer algo para mejorar las condiciones en las que reciben los estados, pero su desempeño quizás cambie, para bien o para mal, la percepción de los partidos que los gobiernan, sobre todo en cuanto transparencia y rendición de cuentas.

El caso de Oaxaca llama la atención. El 62.7 por ciento de su población es pobre, es el segundo estado con menor valor por hora trabajada.

Cada hora de trabajo de un oaxaqueño genera, en promedio, 65 pesos.

Pero no sólo es eso, es el deterioro. La pobreza se ha incrementado y la productividad ha disminuido. Y en este estado, se votó por la continuidad que lleva décadas sumiendo al estado en la pobreza.

En 2017 habrá elecciones en tres estados: el Estado de México, Coahuila y Nayarit. Y el año siguiente llegarán las elecciones presidenciales. Parece ser que siempre estamos en campaña. A esta administración todavía le quedan dos años. Todavía falta una tercera parte del sexenio, pero el ánimo que se percibe es que esto ya se acabó. Los tiempos políticos ya llaman a definir candidatos, estrategias, alianzas y acuerdos.

Pero no se ha acabado y sería prudente que ni la administración federal, ni las administraciones locales bajaran la guardia frente a lo que se vislumbra como un año complejo.

El Estado de México es importante, entre otras cosas, por su aportación a la producción nacional. De todo lo que se produce en el país, 16.5 por ciento aproximadamente se genera en la Ciudad de México, seguido del Estado de México, que aporta 9.3 por ciento a la producción nacional.

En tercer lugar, se encuentra Nuevo León. En este sentido, el tamaño del Estado de México hace que su desempeño económico sea fundamental para impulsar el crecimiento del país.

Durante los años previos a la crisis de 2008-2009, el Estado de México crecía a tasas alrededor de 5 por ciento, pero en 2009 vivió una caída de 3.5 por ciento en su actividad productiva. En 2010 rebotó, creciendo a 7.5 por ciento. En lo que va de la administración actual ha crecido un magro 1.9 por ciento.

No puede negarse la importancia económica del Estado de México, y es en ese sentido donde la productividad juega un papel fundamental. En este tema, deja mucho que desear. El Estado de México es el sexto menos productivo del país, solo después de Chiapas, Oaxaca, Tlaxcala, Guerrero y Puebla. Una hora trabajada ahí genera 83 pesos, mientras que en la colindante Ciudad de México genera 277. No sorprende tampoco que la informalidad alcance niveles mayores al promedio nacional. 55.1 por ciento de su población ocupada labora en la informalidad, a nivel nacional lo hace el 52.4.

La elección en el Estado de México será fundamental para las elecciones presidenciales de 2018, pero no lo será solo por su representatividad política, también lo será por su rol económico.

Afortunadamente tendremos los números con lo que podremos contrastar lo que se dice en los discursos y las promesas hechas en campaña.

Desafortunadamente, como hemos visto en elecciones y decisiones recientes en el mundo, los hechos poco importan en las votaciones y en los procesos electorales.

Ahora los partidos políticos estarán pensando en los candidatos. Al mismo tiempo, los funcionarios ya piensan en ser candidatos. El hecho de estar permanentemente en campaña evita que se tomen decisiones difíciles y relevantes. Los funcionarios, del nivel que se desee, ya están en campaña. Nadie quiere lastimar susceptibilidades ni tocar intereses porque en su mira está la siguiente elección.

Así llevamos décadas. Postergando y evadiendo los temas difíciles en aras de ganar una elección. Preparémonos para estar los siguientes dos años en campaña.

Valeria Moy es profesora de economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter:@ValeriaMoy

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