Opinión
 

¿Todos caben?

 
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AMLO

La construcción de consensos o la integración de equipos amplios en la política generalmente permite la resolución de diferendos, la postulación de visiones más globales o plurales que sumen posturas diferenciadas.

Andrés Manuel López Obrador se ha distinguido por lo contrario a lo largo de su trayectoria política. Su característica más definida consiste en integrar a quienes coinciden con su óptica, quienes se encuadran en sus postulados ideológicos, económicos o políticos. No es amigo del diálogo, de la conciliación, de la búsqueda de soluciones compartidas. Es un político clásico de liderazgo indivisible, de autoridad vertical, de postulados inspirados más en su propia perspectiva de los hechos y la realidad, que del debate colectivo de fuerzas disímbolas.

En meses recientes he sido testigo de la integración de equipos de expertos, asesores o analistas que se suman al equipo de Andrés Manuel en áreas económicas, industriales o especializadas. Equipos que trabajan en preparar proyectos o iniciativas para ser presentadas después al líder y candidato.

Por lo pronto, este nuevo mecanismo rompe con el estilo unívoco que lo ha caracterizado en el pasado.

Tal vez en esa línea se inscriba la controversial integración de Lino Korrodi a su equipo en días recientes. Con el simple tuit de “todos merecen una segunda oportunidad”, AMLO en su generosa magnanimidad, lo exculpa de los pecados del pasado, las faltas electorales, el rebase de topes de campaña y la histórica multa impuesta al PAN y 'Los Amigos de Fox' por el IFE.

Es justamente el punto que provocó el enfrentamiento radiofónico con Pepe Cárdenas hace unas semanas. Cuando el conductor le dijo
–palabras más, palabras menos– que Andrés Manuel limpiaba el pasado o las culpas de quienes le brindaban su apoyo, por el sólo hecho de sumarse a su campaña. A partir de ese momento, todos son
–en el lenguaje del propio Andrés– buenos, perdonados, contritos seguidores que han hecho un acto de reconocimiento y buscan redimirse.

Sólo así se explica que a un personaje tan disímbolo en el espectro político como Lino Korrodi le sea hoy concedida “una segunda oportunidad”. O la propia Elba Esther y sus huestes magisteriales, que hoy parecen brindar respaldo al candidato de Morena.

Ya en esas, don AMLO, pues bienvenido Salinas. ¿O no? Don Carlos sabe mucho de política y de elecciones y de acuerdos comerciales que muy probablemente no quede resuelto antes de que concluya la presente administración.

La integración de un amplio frente transformador del país, concepto en el que convergen y coinciden políticos de diversos cuños y corrientes, tendría que provenir de otro sector de la sociedad. No de la política de siempre, por los políticos de siempre, con los mecanismos y estilos conocidos por la población.

Y entre esos está justamente el propio Andrés Manuel, quien no representa una renovación de la política nacional. Su partido y la construcción de esa organización se parecen mucho a los estilos verticales y caudillistas tan insertos en la clase política mexicana.

Estilos y prácticas que provienen del PRI, pero están vivos en el PAN, el PRD, el PT o MC, que pertenecen casi a un solo personaje, como el caso de Morena. Todos se autodenominan 'verdaderamente democráticos', pero distan galaxias de una práctica profunda, real, auténtica en ese sentido. Muchos grupos esperan 'la señal de arriba' porque esa cultura política está terriblemente inscrita en generaciones completas.

¿Cómo pretendemos construir un país democrático si estas prácticas se repiten todos los días en consejos y asambleas, en corrientes y líneas dominantes a las que, o se disciplinan o provocan una fractura?

Si verdaderamente todos caben, si en efecto se trata de movimientos de transformación real, tendrían que tener otros componentes, más ciudadanos, más académicos, más plurales.

¿Qué hacer con los políticos del pasado? ¿Qué hacer con los recaudadores y los negociantes dentro y al lado de la política? ¿No es esa una de las principales acusaciones de Andrés Manuel en contra de quienes han lucrado con la función pública? ¿En contra de quienes se han beneficiado con contratos y concesiones a la sombra del poder? ¿Cómo entonces abrir la puerta y recibir a representantes de esa corriente?

¿El triunfo lo vale todo? ¿La construcción de una percepción de victoria –difundida, extendida en la población– permite suavizar algunos principios?

Si la premisa se construye a partir de un ejercicio político basado en principios irrenunciables, no negociables, una política distinta que no se 'acomoda' a los vaivenes de la coyuntura, entonces no caben las concesiones.

Pero si se trata de una política como siempre, como todas, porque se trata de ganar sin importar cómo, con quién, con el apoyo y el olvido de quien sea, entonces, ¡venga!, ¡todos caben!

Twitter: @LKourchenko

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