Opinión

Todo es Ayotzinapa

“Todos somos Ayotzipa” se corea (y con razón sobrante) en los movimientos sociales que demandan y exigen el esclarecimiento de los actos brutales acontecidos recientemente en el estado de Guerrero. La saña y violencia con la que fueron amedrentados, torturados y ejecutados los estudiantes y los integrantes de un equipo de futbol ya no permite usar adjetivos como reprobable, sino inhumano y fuera de toda lógica. Cualquier explicación socioeconómica parece insuficiente ante el dolor social que esto ha provocado. Se ha llegado a un punto de violencia inimaginable (en el sentido humano).

Pareciera que no sólo “todos” sino “todo” es Ayotzinapa, pues el grado de corrupción en una amplia gama del gobierno, la coalición con el crimen organizado o bien el sojuzgamiento de estructuras gubernamentales ante éste, han creado un vacío de poder donde la población está inmersa en una esquizofrenia y paranoia donde no se confía en ninguna estructura legal y aún más, ese vacío de poder lo ha llenado el crimen organizado, al grado de en algunas regiones crear una especie de “síndrome de Estocolmo”.

El tejido social en México está tan desgarrado que es difícil pensar en una vida social y económica que permita creer que el panorama mejorará (aunque se está obligado a ello). La violencia rompe toda relación social al grado de impedir la reproducción de cualquier sistema socioeconómico, pues sus consecuencias son devastadoras, comenzando por aquello inconmensurable: la vida humana.

Posteriormente, sus consecuencias sociales, las oleadas de migración de poblaciones enteras –aquellas que pueden– huyendo de la violencia y con ellas todo el derrumbe de cadenas productivas que proveían: empleo, ingresos –incluso públicos–, crecimiento y con ello la posibilidad de desarrollo regional que diera oportunidades de movilidad social a la población.

Eric Hosbawn –historiador económico– menciona “no existe un átomo de verdad en la típica, pero errónea, expresión francesa tout comprede c´est tout pardonner (comprenderlo todo es perdonarlo). Comprender la época nazi en la historia de Alemania y encajarla en su contexto histórico no significa perdonar el genocidio” de la misma forma que intentar comprender el contexto socioeconómico en México no es perdonar atrocidades como las de Ayotzinapa, Tlatlaya o problemas ya poco mencionados pero no menos importantes como los feminicidios.

Comprender el contexto de desigualdad económica en México, el cual se ha incrementado a partir de que el Estado se replegó de toda política económica y llamamos al tótem del mercado para solucionarlo todo, la corrupción, la poca movilidad social y la omisión de una clase política negada a ver la realidad, permite comprender cómo se gestó un caldo de cultivo que desembocó en los horrores ya mencionados (pero no basta con comprenderlos).

El repliegue del Estado en la vida económica no ha significado –como señala Judt– una reducción del Estado per se, pues los instrumentos represivos y de recopilación de información han incrementado el control sobre sus súbditos, sin ningún éxito de reducción en la violencia. Por el contrario, son los estados de bienestar los que tienen menores índices de violencia.

Se debe entender que el Estado debe nuevamente tener presencia en la política económica e industrial de México. Una forma muy importante de parar la violencia es crear escenarios de bienestar y eso es generando crecimiento, empleos y permitiendo la movilidad social. Para ello, replantear asuntos como la distribución del ingreso se tornan insustituibles, torales. Lo anterior parece muy complicado en un escenario mundial, donde la Unión Europea parece esta nuevamente al borde de la recesión y Estados Unidos despega económicamente. Los ajustes de crecimiento en México son a la baja para 2014 y en 2015 al alza pero insuficientes, y las reformas estructurales (particularmente la laboral y hacendaria) parecen aún no surtir ningún efecto positivo para la economía, incluso en el mediano plazo. Sin embargo, como se ha mencionado, tiempo es el que no se tiene.

El descontento social ya no se encuentra aislado. [Afecta a] estudiantes, trabajadores (fastidiados de esa violencia “cotidiana”: asaltos, robos a casas), amas de casa (hartas de preocuparse por la familia que sale a la calle todos los días), mujeres (preocupadas por regresar a casa con vida y a salvo). La violencia ha impuesto un escenario social y económico que pende de un hilo y ahora despojarla de su entronamiento será complicado, pues lo más difícil de recuperar es la confianza en el día a día de una sociedad. Pero se tiene que empezar. De lo contrario, seguiremos lamentando la muerte de más hermanos, padres, amigos.

México vive hoy horas determinantes. El futuro que se sumará al pasado reciente, que ha sido bastante malo, se está escribiendo hoy. Ojalá no esperemos a que, en verdad, Ayotzinapa inunde todo México.