Opinión

Todo cabe en un exgobernador

   
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ME Padrés. (Cuartoscuro)

Casi cualquier cosa se puede decir de un exgobernador y es creíble. De la reciente camada sólo está preso Guillermo Padrés –y eso porque se entregó–. Una vez que se puso a disposición del juez aprehendieron a su hijo. Van por la familia, no hay duda, esté o no metida. Va a ser un problema mayúsculo. Los partidos saben que en eso les va parte de la imagen. El PAN ha pedido ya que se busque a los exgobernadores de Tamaulipas; el PRI urge acciones en contra del exgobernador de Jalisco.

El experimento priista de gobernadores jóvenes resultó un tremendo fracaso: salieron incapaces y rateros. Quizá todos se vieron en el retrato de Humberto Moreira, un corruptazo que saqueó y endeudó al estado de Coahuila, se hizo multimillonario, y dejó a su hermano de gobernador. Terminó peleándose con su hermano. Se fue a España desde donde mandaba fotos de su abdomen, hasta que lo detuvieron.

No puede entrar a Estados Unidos ni a España; a sus colaboradores les incautaron propiedades y tienen problemas con la justicia de ese país. Pero en medio de su corrupción lo hicieron presidente del PRI. Era su modelo a seguir. Hasta que la justicia le dio un susto del otro lado del océano.

El caso de Javier Duarte es alarmante. Es la actualización de los gorilatos de los setenta. El tipo era de una voracidad sin límite (su colega, el otro Duarte, el de Chihuahua, es niño de pecho comparado con él). Decenas de departamentos en Miami, casas, departamentos en las calles más caras de Polanco, un rancho de concurso en Valle de Bravo, departamento en la zona más exclusiva de Madrid, varios departamentos en New York, otros tantos en Ixtapa –incluso uno especial para recibir visitas. Casas en Houston, en Arizona (a saber para qué), más las de Veracruz. Es de locos. Muy probablemente no sabía siquiera lo que tenía. Hombre dicharachero y bromista, según dicen, dejó en la bancarrota a su estado. En la rapiña que organizó participó su parentela. Prófugo de la justicia, sabe que cada día le salen más delitos y que la libertad puede ser un bien que no vuelva a ver en muchos años.

Algún priista me dijo hace unos meses que Roberto Borge, el exgobernador de Quintana Roo, era lo más cercano a Nerón que había conocido: “no quemó el estado porque no se le ocurrió”. Y por lo que nos hemos enterado el tipo era un verdadero sátrapa. Repartió tierras a amigos y familiares a precios de risa, prácticamente expropiaba hoteles que se quedaban sus secuaces. Pero no bastaba el robo, tenía que endeudar al estado, dejarlo prácticamente quebrado. Su historia apenas comienza.

Es probable que los partidos se decidan a llevar a cabo la feria de las descalificaciones. Lloverán acusaciones de un lado y de otro hasta quedar tan manchados que el ciudadano no vea las diferencias. Lo que veremos son acusaciones muy graves por parte del gobierno federal: malversación de fondos, fraude, peculado, lavado de dinero, defraudación fiscal, delincuencia organizada. Y claro, es que todo cabe en un exgobernador sabiéndolo acomodar.

Twitter: @JuanIZavala

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