Opinión

Todo apunta a un retraso de la normalización de
las tasas de interés

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Fed

La semana pasada continuaron los días de elevada volatilidad en los mercados globales. Pero al mismo tiempo sucedieron eventos y conocimos datos de la economía mundial que podrían implicar un diferimiento de la decisión de la Fed de aumentar las tasas de interés.

Lo primero que se destaca es la reunión del Banco Central del Euro en donde el banco revisó a la baja sus expectativas de crecimiento de la región a 1.4 por ciento, pero también se redujeron las expectativas de inflación a menos de cero este año, 1.1 por ciento en 2016 y 1.7 por ciento en 2017. Todos por debajo de la meta de 2.0 por ciento que persigue el banco del euro.

Ante esto el banco revisó su programa de política cuantitativa que hoy pretende crear 1.1 billones de euros desde marzo pasado hasta septiembre de 2016 y dio una señal de que está dispuesto a hacer lo que sea necesario para impulsar el crecimiento económico, Mario Draghi, presidente del BCE, advirtió de una inminente deflación en la región y mandó una expectativa de que el banco pudiera extender su agresiva política cuantitativa más allá de septiembre de 2016 si es necesario.

En segundo término, en Estados Unidos se reportó la creación de 173 mil puestos de trabajo y una tasa de desempleo de 5.1 por ciento para el pasado agosto. Un dato por debajo de 200 mil plazas implica una menor presión para el Comité de Mercados Abiertos para aumentar tasas de interés.

En tercer lugar, conocimos las cifras negativas en Canadá, el principal socio comercial de Estados Unidos, en donde se está confirmando una recesión, al contraerse el PIB en 0.5 por ciento en el primer trimestre y en 0.8 por ciento en el segundo trimestre.

Con este torbellino de información que va fraguando un escenario de desaceleración global, las probabilidades implícitas en los mercados de tasas de un incremento en los Fondos Federales para el próximo 17 de septiembre por parte de la Fed han bajado de 38 por ciento a finales de agosto a menos de 30 por ciento.

En México también conocimos algunos datos oportunos que marcan desaceleración, aunque no todos los indicadores recientes son malos. Con nuestro Indicador Bursamétrica Anticipado de México (IBAM) le podemos adelantar que el crecimiento del primer mes de este segundo semestre se va a reportar muy probablemente en algo cercano a 1.3 por ciento anual. El Índice Mexicano de Confianza Económica del Instituto Mexicano de Contadores Públicos/Bursamétrica (IMCE) reportó una caída significativa de 2.9 por ciento en agosto, bajando en sus dos componentes. Los indicadores IMEF de agosto fueron también decepcionantes.

Los datos oportunos positivos fueron los de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz que reportó un incremento de 7.9 por ciento en las ventas de automóviles ligeros en agosto, y los de la cadena Walmart que en México reportaron ventas a tiendas comparables y en semanas comparables de 6.7 por ciento anual que equivale a crecimiento de 4.0 por ciento real anual.

Esta semana se presenta el Paquete Económico 2016 al Congreso. A pesar de tener una cobertura del petróleo a 49 dólares por barril, el entorno a futuro luce sumamente complicado. El gobierno ha planteado una reducción adicional en el déficit fiscal mediante un mayor esfuerzo de austeridad, y se niega a hacer un cambio profundo en el esquema fiscal. Reducir el déficit es de primordial importancia para evitar una reducción en la calificación de nuestra deuda soberana en los mercados internacionales.

Dado que la política monetaria de México estará prácticamente supeditada a la política de la Reserva Federal, en la próxima era de normalización de tasas la política fiscal debiera convertirse en propulsora de la inversión y del empleo. La política fiscal no debe conformarse con sólo hacer recortes en los gastos.

En la semana pasada le comentaba los cinco puntos que deberíamos ver en el paquete económico: 1. Una meta de crecimiento realista. Algo arriba de 3.0 por ciento se vería hoy como poco realista. 2. Una reducción en la meta del déficit del sector público. 3. Un esfuerzo de mayor eficientización y racionalidad en el gasto, 4. Incentivos fiscales a la inversión y al empleo. 5. Un código de ética fuerte, y una serie de medidas para que el ejercicio del gasto sea más transparente y honesto.

Correo: eofarrils@bursametrica.com

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