Opinión

Tocado por el diablo

 
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Tocado por el diablo.

En estos tiempos inciertos, oscuros, a días de una extraña elección en el país vecino del norte, que insiste en que nuestras mentes evoquen cada vez más escenas apocalípticas del medioevo, me parece pertinente escribir acerca de El Bosco.

A partir del viernes 7 de octubre 2016, el pintor holandés Hieronymus van Aeken Bosch -El Bosco- (1450-1516) tiene sala propia en el Museo Nacional del Prado, en Madrid. Después de que más de medio millón de personas asistieron a la exposición que conmemoraba los 500 años de la muerte del pintor, fue posible replantear el espacio que ocupa la colección de pintura flamenca.

Al tener el museo la colección más completa del maestro flamenco, en aquella magnífica sala, podrán ser admirados nada más y nada menos que los trípticos El jardín de las delicias, La Adoración de los Magos y El carro de heno, así como las siguientes pinturas: La extracción de la piedra de la locura, La Mesa de los pecados capitales, Las tentaciones de San Antonio Abad (del taller del Bosco) y Paisaje infernal (anónimo, seguidor del Bosco).

Igualmente por la ocasión del aniversario, el año pasado salió el documental Touched by the Devil —en español: Tocado por el diablo—. En esta cinta, gracias a la tecnología (rayos X, fotografía infrarroja y análisis multiespectral), los expertos y estudiosos de El Bosco tienen hoy la posibilidad de comprobar la autenticidad de todos “sus” cuadros y de confirmar en ellos la huella de la mano del pintor. Con sus descubrimientos pueden situar de forma contundente no sólo la autoría y con ello la ficha técnica de la pintura, sino también el estatus de las piezas, es decir, su importancia dentro del cuerpo de obra completa y, por ende, su valor: El Bosco, el taller de El Bosco o un anónimo seguidor de El Bosco.

A nosotros como espectadores, en la sala de cine, la tecnología (las cámaras) nos da la posibilidad de ver las pinturas como si fuésemos expertos y estudiosos del autor. La distancia que en el museo tendríamos que respetar es eliminada y se nos regala tiempo. Tiempo extra para observar cada pequeña y detallada escena, notar cada personaje, percatarnos de los tantos colores, de las luces y las sombras mientras la película es proyectada de manera monumental, extraordinaria experiencia de cercanía e intimidad con una obra histórica.

Para mí es justo el tratamiento que se le da a la obra, la lectura estructural de aquel legado cultural, lo que me hace pensar que este documental comparte una mirada novedosa.

Lo visto hizo que me preguntara cómo tiene que ser leído hoy en día un artista y figura histórica como él, más allá de una interpretación psicoanalítica o biográfica, y que es necesario tomar la obra como objeto de estudio, que evidencia y replantea los flujos y las negociaciones que rodean un cuerpo de trabajo que se convirtió hace mucho en legado cultural.

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