Opinión

Tirar un mito de siete décadas


 
 
Ayer le comenté de algunos lineamientos de la reforma fiscal señalados por el titular del SAT. Hoy le comento algunos de los trazos de la reforma energética definidos por el propio Presidente Enrique Peña.
 
Faltan 73 días para que comience el periodo ordinario de sesiones del Congreso, un periodo que podría quedar consignado en los libros de historia.
 
El lunes pasado, en el marco de su viaje a Inglaterra e Irlanda, el propio Presidente Peña Nieto puso en el candelero el tema de la reforma energética que en realidad apunta a ser una reforma en materia de hidrocarburos.
 
Lo dicho por el Presidente a medios internacionales implica varias cosas. La primera de ellas es que se debe tratar de una reforma constitucional.
 
No habrá más parches. Se pretende que venga un cambio de fondo y que las reglas que se definan no estén sujetas a interpretaciones, amparos o controversias.
 
Lo segundo es que la apertura a la inversión privada no va a darse sólo en actividades finales de la cadena de producción de la industria, como refinación o petroquímica, sino que habrá también entrada a empresas privadas en la producción misma, como en el caso del shale gas y shale oil.
 
De por hecho que la reforma también le va a apuntar a permitir a Pemex asociarse con empresas privadas, nacionales y extranjeras, en la exploración y producción en aguas profundas.
 
Otro elemento que se precisó es que la reforma saldrá este año. No sería extraño que se enviara a la Cámara antes de septiembre, para discutirse desde que empiecen las sesiones ordinarias, incluso antes de que se presenten el Presupuesto y la reforma fiscal.
 
Otro ingrediente derivado de las declaraciones de Peña Nieto es que no habrá unanimidad en torno a la propuesta.
 
A diferencia de otras reformas, en este caso lo más probable es que no sea suscrita por el Pacto pues el PRD ya se ha manifestado en contra.
 
Sin embargo, hasta ahora pareciera que el PAN la respaldaría, lo que daría los votos necesarios para procesar la reforma constitucional.
 
Uno de los razonamientos que se vienen haciendo cada vez con más frecuencia entre funcionarios públicos y expertos es que sea una reforma superficial o profunda, de cualquier manera va a provocar el rechazo de la izquierda y particularmente de López Obrador.
 
No es de descartarse que también estén en contra segmentos del PRI. Sin embargo, no tendrán la suficiente fuerza para enfrentar al Presidente.
 
No es gratuito ni casual que esta semana, y en el marco de la reunión del G8, Peña haya sacado el tema a la palestra.
 
Hubo la intención manifiesta de poner el punto en la agenda.
 
Es muy probable que la intención del Presidente sea empezar a poner el asunto en la discusión pública para ir creando el clima necesario para una reforma que echará por tierra un mito en México, que tiene que ver más con la ideología y la idiosincracia que con las realidades.
 
Se requiere un proceso para transformar la noción de que “el petróleo es nuestro” aunque se quede enterrado y no nos sirva, a otra en la que el petróleo es sólo un recurso natural al que hay que darle el uso más inteligente para maximizar el bienestar de la sociedad.
 
Sin embargo, no descarte que más allá de este cambio de agenda, al gobierno le caiga muy bien que otros temas empiecen a ocupar la atención pública más allá del mal resultado económico del primer trimestre, del asunto de la caída del gasto público y del desastre para el empleo que fue mayo.
 
Por cierto, el tema del empleo, a seis meses de la reforma laboral, amerita un análisis particular que vamos a abordar mañana.
 
Twitter: @E_Q_