Opinión

Tipo de cambio

 
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[El dólar se ofrece hasta en 13.20 pesos en el AICM. / Bloomberg] 

Gamés es un tipo de cambio. No teme a las transformaciones. Repantigado en el mullido sillón, Gil vio pasar a un endriago al fondo del pasillo que desemboca en el umbral del amplísimo estudio. Al principio tuvo miedo, pero luego observó desfilar a tres, cuatro, cinco endriagos. La lectora y el lector lo saben, el endriago, además de ser una gran palabra, es un monstruo con facciones humanas y miembros de varias fieras. Así, mediante estas visitas inesperadas, Gamés se acostumbró a convivir con el endriago; en la mañana viene uno muy amable que lo saluda de lejos; en la tarde, un endriago neoliberal critica las posturas populistas, que las tiene, de Gil. En fon, buenas bestias los endriagos.

Una mañana, mientras saludaba al endriago, Gil leyó en sus periódicos noticias de dar miedo. Una página de El Universal decía: “analistas privados consultados por el Banco de México han vuelto a sostener que la incertidumbre cambiaria puede ser un factor que limite el crecimiento económico de 2015”.

Si Gilga no hubiera estudiado en Princeton no comprendería con claridad meridiana este profundo asunto: creceremos una viruta, un aserrín, una mosca insalubre, un piojo (no Herrera). Y eso si nos va bien. No les digo, nos persigue el imponderable, el destino funesto, el maldito azar y las precisas leyes, como quiso el clásico.

Los especialistas han fijado en el tiempo, de aquí al fin del año, un dólar caro de 15.60. En consecuencia, las expectativas de crecimiento se redujeron a 2.6 y a 2.5 por ciento. Gil no quisiera exhibir su ignorancia, pero no soporta la tentación de reparar en el hecho de que pasan los años, los sexenios, los presidentes y México crece a ritmos de pasmosa mediocridad.

Más peor
Gamés lo leyó en su periódico La Jornada y estrujó el papel sobre su pecho. El presidente Peña dijo en Metepec, durante la inauguración del distribuidor vial Ignacio Pichardo Pagaza: “México ha optado por la ruta de la responsabilidad para blindarse de mejor manera y avanzar en el camino del crecimiento económico. No en los niveles, lamentablemente, que quisiéramos. No en el tamaño de crecimiento que hubiéramos querido llevar a la fecha (…) a otras economías les ha ido peor, han enfrentado todavía escenarios más adversos”. Eso que ni qué, lo que sea de cada quien.

La verdad sea dicha (muletilla patrocinada por Morena), si esto se tratara de vender un coche ocurriría más o menos en estos términos: Oiga, este coche tiene golpes aquí y allá, cascabelea en las subidas, no desboca. El vendedor en lugar de ofrecer una hojalatería completa y un cambio de balatas y bujías, en lugar de corregir, ese vendedor le dice al comprador: hay otros peores. Nada más cierto. También se encuentran carcachas en el mercado, incluso carretas jaladas por mulas. Un lamento se oyó en el amplísimo estudio: ay, mis hijoos.

Dólar caro
El peso se ha depreciado, nadie quiere nuestro postróleo, nadie vino a la ronda de sabe Dios qué rayos petroleros. Nada le hace: Gamés es un tipo de cambio. No le da miedo convertirse. Viene de lejos y no teme a los endriagos.

En la página de las “Coordenadas”, Enrique Quintana recordó hace algunos días las devaluaciones en la historia reciente de México. Si están parados, siéntense (en serio): Gilga viene de la época en que el dólar costaba 12.50 pesos. Era la segunda mitad de los años cincuenta. Una parte de la vida pasó hasta que en el año de 1976, al final del gobierno nefasto de Luis Echeverría, el peso se devaluó a 22 por dólar. Luego, en el maldito año de 1982, se pagaban 46 pesos por dólar durante el gobierno infausto y corrupto de López Portillo. Aquello era el acabose. El extinto padre de Gil se arrancaba los pelos, no porque tuviera dinero, no tenía ni un quinto, sino porque el país se caía a pedazos. Llegaron los negros ochenta y con De la Madrid se ofrecieron 149 pesos por un dólar. En el año de 1982, cuenta Quintana, la devaluación del peso llegaba a 470 por ciento. En 1988 el peso llegó a dos mil 297 por un dólar. ¿Cómo la ven? Sin albur.

Por estas razones enloquecidas que Gilga vivió en carne propia, cuando lee que los expertos esperan un dólar caro, a Gil se le ponen los pelos de punta. Que la boca se la haga chicharrón a Gamés, pero dólar caro trae dólar muy caro, carísimo. En fon. Quedamos en que los endriagos son buenas bestias y en que Gil es un tipo de cambio.

La máxima de Jacinto Benavente espetó dentro del ático de las frases célebres: “Eso de que el dinero no da la felicidad son voces que hacen correr los ricos para que no los envidien demasiado los pobres”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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