Opinión

Tres reflexiones sobre el tipo de cambio

 
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Peso-dólar

Recientemente la cotización de cierre del peso frente al dólar se ubicó en su mayor nivel nominal por arriba de los 15.70. Con esto, el peso mexicano acumula un debilitamiento ligeramente superior a 13 por ciento de noviembre de 2014 a estas fechas. Dicho proceso se aceleró a partir de mediados de mayo, periodo en el cual se la debilitado la divisa local en 4.4 por ciento.

En este contexto, creo importante hacer tres reflexiones.

Primero, tal dinámica de debilitamiento continúa básicamente ligada a factores externos. En específico a divergencias macroeconómicas y de política monetaria a nivel global –sobre todo las presentes entre Estados Unidos y Europa-Japón.

Segundo, el debilitamiento acumulado por el peso de noviembre pasado hasta ahora ha sido más pronunciado respecto a la mediana de las monedas emergentes –esta última se ha depreciado en casi la mitad a lo mostrado por el peso frente al dólar.

Tercero, distintas mediciones estándar ubican al peso en terreno de subvaluación, aunque no entre las de mayor subvaluación del mundo emergente.

Tomando todo lo anterior en cuenta, creo que el contexto reciente valida lo escrito con anterioridad en este espacio: los determinantes de la debilidad de las monedas emergentes frente al dólar siguen en pie y no se avizora en el corto plazo un evento que pueda revertir el fenómeno de manera significativa.

Así, creo que sigue siendo muy probable el continuar observando al peso cotizando en un canal con alta volatilidad, donde el nivel de cierre de año podría estar muy cerca de 15.4 –lo cual significa un enfoque ligeramente más conservador respecto al consenso de la encuesta Banamex, ubicado en 15.1.

Si acaso, reconocería que las presiones recientes, con epicentro en el flujo de datos de Estados Unidos con un sesgo de mejoría, ubica mi perspectiva de corto plazo (cero a tres meses) más cerca de 15.5 que de 15.3 como hasta hace poco proyectaba.

Tomando en cuenta todo lo anterior, seguiría enfocando la atención sobre los determinantes de la volatilidad cambiaria: flujo de datos productivos en EU, Europa, Japón y China; riesgos financieros relacionados con Grecia; incertidumbre creciente respecto a distorsiones de mercado producto del prolongado contexto de tasas de interés bajas en el mundo desarrollado; y tensiones geopolíticas.

¿La siguiente fecha clave para la dinámica cambiaria (y de mercados en general)?: 17 de junio, cuando la Fed publicará el comunicado de la decisión de política monetaria, adicional a los documentos de pronósticos macroeconómicos, encuesta entre los miembros de la Fed y la conferencia de prensa de la presidenta Yellen.

De enviar un mensaje “paloma” respecto al inicio del periodo de normalización, cabría la posibilidad de que las monedas emergentes mostraran cierto respiro en su cotización frente al dólar.

Twitter: @joelvirgen

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