Opinión

Tierra de oportunidades

 
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Deportados. (Reuters/ Notimex)

La semana pasada el presidente Peña Nieto recibió en el aeropuerto a 135 deportados de Estados Unidos dándoles la bienvenida y diciéndoles que México es una tierra de oportunidades.

Esta frase, en ese contexto en particular, refleja los claroscuros que tiene este país. México puede ser una tierra de oportunidades. Nuestro estado de desarrollo y nuestra condición de país emergente implica que tenemos mucho camino por andar. Inversionistas extranjeros en México se sorprenden de la realidad que encuentran por el discurso negativo que los mismos mexicanos proyectamos. Encuentran un México moderno y próspero, con gente capaz y con enorme capacidad para crear. Hay oportunidades para invertir, para crecer, para desarrollarnos.

Pero para los migrantes deportados ese día, la frase quizá resultó cínica o por lo menos irónica. Salieron de México porque precisamente este país no les dio las oportunidades para tener una vida mejor.

Migraron arriesgando su vida, en algunos casos, en búsqueda de mejores condiciones. Decirles que los recibimos con los brazos abiertos en esta tierra de oportunidades no ha cambiado su deseo de regresar a Estados Unidos.

Encontrar cifras precisas es difícil. Las fuentes no coinciden en sus datos ni en su metodología, pero aquí algunos números para darnos una idea. El Instituto de Política Migratoria (MPI por sus siglas en inglés) estima que en 2014 había 11.7 millones de mexicanos viviendo en Estados Unidos. El Pew Research Center estima había 33.7 millones de personas de origen mexicano en Estados Unidos en 2012.

El Inegi en la Encuesta Nacional de Dinámica Demográfica (Enadid) muestra que entre agosto de 2009 y septiembre de 2014 salieron del país 719 mil personas, la gran mayoría, 620 mil 500, para dirigirse a Estados Unidos. Tres de cada cuatro migrantes son hombres y la mayoría que migra, tanto hombres y mujeres, son jóvenes en edad productiva. Al indagar sobre las razones que los hacen migrar, 67.8 por ciento responde que lo hace para buscar trabajo, algunos para reunirse con su familia y otros más buscan estudiar allá.

Poco ha cambiado la escolaridad de los migrantes hacia el norte. De los que migraron en 2008, el 72.9 por ciento no tenía ningún estudio o tenía únicamente la educación básica. El porcentaje ha ido disminuyendo ligeramente. Para 2015, la migración de baja escolaridad representaba 63.8 por ciento del total.

Pero algunos migrantes también regresan. Casi la mitad de los que salieron entre 2009 y 2014 regresaron. La mayoría con su familia, seguidos de los que volvieron por falta de trabajo en Estados Unidos. El Pew Research Center estima, usando la Enadid pero incluyendo a los hijos de mexicanos ya nacidos en Estados Unidos, que en el mismo periodo regresaron un millón de personas a México.

Enviamos al exterior gente en edad productiva. Estamos expulsando talento y mano de obra, pero esperando que envíen parte de los recursos que generan allá. A las remesas les damos continuo seguimiento y análisis.

Claro, representan una entrada de dólares fundamental no sólo para las familias que las reciben, sino también como fuente de divisas. Entre 1995 y 2016 recibimos 417 mil 785 millones de dólares en remesas. Desde 2015, recibimos más dólares por este concepto que por exportación de petróleo.

Ante la amenaza actual contra los migrantes mexicanos se han activado diversos mecanismos de apoyo y defensa. Los consulados brindarán más ayuda legal, hay líneas telefónicas operando 24 horas al día, aplicaciones y demás medios dando información. Pero ante todo este apoyo, no hay que perder de vista una realidad: la mayoría de los mexicanos en Estados Unidos no quiere regresar a México.

El canciller Luis Videgaray lo dijo en una entrevista con Carlos Loret de Mola y la información coincide con la expresada en diversos foros que se han hecho con migrantes. Al ofrecerles ayuda legal, la mayoría prefiere que se les ayude a legalizar su permanencia en Estados Unidos o a tramitar su retorno, en caso de que ya hayan sido deportados, a que se les facilite el regreso a México, con todo y los apoyos económicos y burocráticos que se están implementando.

Hay un reclamo notorio. Algunos padres están dispuestos a regresar, pero no quieren que sus hijos regresen. Están seguros de que allá obtendrán mejor educación y mejores oportunidades laborales y de vida. Los migrantes no ven las oportunidades que el presidente Peña les menciona.

Algo tenemos que agradecerle a Trump. Nos ha obligado a vernos en el espejo. Nos está obligando a darnos cuenta de que las oportunidades que México tiene no se las da a todos por igual. Nos está obligando a ver nuestra realidad educativa, económica, migratoria y social. Ojalá no nos tapemos los ojos.

La autora es profesora de Economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter: @ValeriaMoy

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