Opinión

¿Tiene algo qué ver la felicidad con los negocios?

Para quienes están pensando en los negocios, hay una idea preconcebida de que el inicio de una empresa se relaciona inmediatamente con problemas de toda índole, como son los trámites para constituirla, el pago de impuestos, contratar personal capacitado, o lidiar con la competencia del mercado, entre muchos otros. Todos parecen disuasivos que lejos están del concepto de felicidad. ¿Es posible cambiar este paradigma?

La idea de “rentabilidad” es simplista y habrían de considerarse otros factores. Por ejemplo, no es lo mismo arrancar una compañía para sobrevivir, que pensar en un retorno de la inversión de largo plazo, o mantener una empresa que debe cuidar su flujo de efectivo para hacer frente a su apalancamiento.

Detrás de cada persona se encierra la idea de una empresa y estoy seguro que esa creatividad es impulsada por un deseo que a veces no viene de la rentabilidad, sino de aspectos tales como la diversión o el gusto de quien lo inicia.

Simplemente, cómo imaginarnos personajes como Steve Jobs, Warren Buffett o el mismo Carlos Slim, con el objetivo único de rentabilidad. Hay otros aspectos como sería la trascendencia histórica o la responsabilidad sobre todos los grupos de interés involucrados. Claro, también podríamos identificar elementos negativos como la avaricia o el poder, que conducen irremediablemente a graves errores en la toma de decisiones y a falta de ética.

El concepto de “felicidad” que antes estaba vedado en el mundo de los negocios ahora surge con gran fuerza, pues se ha encontrado que empleados felices tienen la posibilidad de atender mejor a sus clientes, son más productivos y ofrecen mejoras a sus empresas porque están realizados dentro de su trabajo. (The Value of Happiness, How Employee Well – Being Drive Profits; Harvard Business Review, January/February 2012)

¿Pero cómo tener empleados felices y empresarios deprimidos?; es decir, cuando se habla de contagiar la pasión por los negocios, un ingrediente fundamental es que el líder esté satisfecho con lo que se hace, que tenga sentido en su vida y sea feliz.

Por el contrario, empresarios frustrados provocan la falta de motivación, fastidio, enojo y eso se transmite a los clientes y todos los grupos de interés. Nada bueno podría salir de ello.

Por eso el emprender es un tema de convicción, no sólo de empleabilidad y habría que preguntarse: ¿cuál es la rentabilidad emocional de mi negocio?

Twitter: @finanzasparami