Opinión

Tiempo de reflexión

29 diciembre 2016 5:0
 
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Bob y Roberta Smith. (http://www.thedoublenegative.co.uk/2013/12/the-big-interview-bob-and-roberta-smith/)

El fin de año nos impone ciertas cavilaciones básicas. Cada año que termina nos exige el ejercicio casi obligatorio de hacer balances, el cálculo entre lo que nos dio y nos quitó.

El 2016 se desvanece, y lo recordaremos como un año extraño y un poco cruel que nos trajo a Michel Temer, a Theresa May, a Donald Trump, y que además de mis pérdidas personales, se llevó a Fidel Castro, a Harper Lee, a Umberto Eco, a Leonard Cohen, a Juan Gabriel, a David Bowie, a Prince, y ahora a George Michael, entre muchos otros.

Y si lo vemos partir con cierto alivio, es también un poco preocupante lo que presagia para el que viene.

Y en estos tiempos de misoginia y xenofobia, de desmantelamientos de beneficios sociales, de una economía en serio conflicto con la justicia y los derechos humanos, la obra de Bob y Roberta Smith aparece esencial.

Bob y Roberta Smith es el pseudónimo que utiliza el artista británico Patrick Brill (Reading, Inglaterra, 1963). Este artista, quien trabajó en sus principios como rotulista en Nueva York, es conocido por su activismo político, y su práctica ha sido definida como un arte de consignas. El artista utiliza pancartas y objetos desechados, como puertas de madera, para escribir con colores brillantes frases que promulgan el poder que la creación artística le confiere al ser humano.

Además de proponer una comunicación gráfica y visual extremadamente efectiva que confirma que el arte se encuentra al alcance de todos, su obra resulta muy política. Mensajes como “Nos tenemos los unos a los otros” o “El arte nos hace poderosos” son lemas que identifican y sintetizan problemas graves que azotan a nuestra sociedad como la corrupción, la inequidad social, la exclusión, y son diseñados para convertirse en una especie de marca personal, que ofrece una solución positiva. El humor y la ingenuidad de estas afirmaciones se posicionan como una conversación inclusiva y en curso, avocan por la participación individual, y entienden el arte como una herramienta de cambio social.

Brill, que es profesor en la universidad y que ha protestado activamente en Inglaterra por los recortes gubernamentales en la educación y por la marginalización del arte en las escuelas, afirma: “los niños necesitan tener ideas. Si les enseñas a desarrollar una expresión propia, estás colaborando con la democracia. Todos tenemos la responsabilidad de ver por la educación de los jóvenes y de velar por su acceso a la libertad. ¿Por qué creen que los regímenes totalitarios siempre quieren censurar el arte y encerrar a los artistas?”.

Si muchos creadores contemporáneos buscan operar fuera de sus estudios y de espacios tradicionales de exposición es para buscar una práctica que incluya cada vez más a los espectadores, para que, como lo instiga Bob y Roberta Smith, la creación tenga una relevancia creciente en nuestras vidas. Muchos afirman que antes de morir, nuestra mente hace una recapitulación de los momentos más importantes de nuestra existencia. Si esta teoría es cierta, esta proyección privada incluirá las ideas que robamos de los libros que leíamos, canciones que fueron incondicionales en nuestros buenos momentos y en los malos, de exposiciones que nos conmovieron y nos hicieron pensar. Y con las pérdidas aprendemos que siempre nos quedarán las lecciones aprendidas, el amor de unos cuantos, y la obra de estos artistas que hacen más llevadero nuestro corto paso por esta tierra.

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