Opinión

Theresa May ganó la rifa del tigre

    
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Theresa May. (AP)

En el convulso Londres post Brexit, la tormenta política del partido Conservador se ha centrado –antes que otra cosa- en la sucesión de David Cameron. El primer ministro que recuperó para los tories la dirigencia del gobierno después de casi 12 años de laboristas (Tony Blair y Gordon Brown) , pasará a la historia como el joven líder que –en palabras de Felipe González- “jugó con fuego y se le quemó la casa”.

Cameron prometió durante su campaña para primer ministro, la realización del referéndum que el pasado 23 de junio resultó tan elocuente como divisorio. Lo hizo para satisfacer al creciente llamado euroescéptico en el electorado inglés. Tal vez Cameron consideró que podría manejarlo, que una buena campaña a favor de las ventajas de permanecer en la Unión –él mismo se declaró pro europeo- revertiría la tendencia. Se equivocó y hoy enfrentan un panorama sombrío.

Theresa May, parlamentaria desde 1997, experimentada secretaria del Interior en el gobierno de Cameron, una mujer reconocida por su disciplina, pragmatismo, trabajo consistente y desideologizado –que en términos concretos quiere decir más tecnócrata que política- ha sido seleccionada por los numerosos apoyos al interior del partido Conservador, para sumir la difícil tarea de negociar el divorcio de la Unión Europea.

En efecto puede ser la mejor candidata porque carece de una visión ideológico-política, o por lo menos, no se le conoce hasta ahora. Según ella misma “simplemente me pongo a trabajar en lo que tengo enfrente”, que puede ser su mayor fortaleza para este difícil período en la historia británica. Aunque ella misma defendió la permanencia en la Unión, con toda claridad no fue lo suficientemente convincente para lograrlo.

Mañana miércoles, David Cameron presentará su renuncia a la jefa del Estado, su Majestad la Reina Isabel II, quien a sus 90 años ya no está para estos trotes. A estas alturas de su convulsionada y prolongada estancia en el trono, deberá enfrentar con toda probabilidad, la desintegración del Reino Unido como existe desde hace más de tres siglos.

Escocia convocará antes de diciembre de este año, a un segundo referéndum por la independencia del Reino Unido, argumento más sólido que nunca por su firme convicción a ser parte de la Unión Europea.

Así es que Theresa May, presentará el mismo miércoles por la tarde, su inmediato plan de acción y gobierno a la Reina, y se mudará al número 10 de Downing Street –residencia del Primer Ministro- el mismo miércoles por la noche.

La señora May, segunda mujer en la historia en ocupar la jefatura del gobierno –después de los 11 años de Margaret Thatcher- tendrá que diseñar un plan emergente para construir un espacio de negociación ante sus colegas de la Unión. A pesar de la exigencia de la señora Merkel de Alemania, Hollande de Francia y Renzi de Italia, hará todo lo posible por avanzar en términos y condiciones antes de activar el reglamentario artículo 50 de la legislación europeo, que marca el inicio del proceso de salida.

La principal tarea de la señora May será aminorar el efecto económico y comercial que para el Reino Unido tendrá la separación. Todos los economistas coinciden en señalar un efecto adverso en materia comercial a partir del 2017, una caída del ingreso en 2 – 3%, más la posible debilidad de la libra esterlina que podría oscilar entre un 3 y un 5% de devaluación entre otros varios.

Theresa May tendrá que asumir el enorme reto de negociar la salida, detener el golpe en lo posible, sostener en el discurso una serie de premisas que no comparte y dar la cara por una serie de irresponsables líderes como Boris Johnson y Nigel Farage, quienes renunciaron a sus posiciones como parlamentarios después de haber incendiado el espíritu de los nacionalistas.

Una de las señales más preocupantes es la probable muda de capitales e inversionistas, que trasladarán bienes y activos del corazón financiero de la City londinense, a Frankfurt o París quienes ya empiezan a ofrecer ventajas para atraer capitales.

La señora May por último, tendrá que lidiar con una sociedad dividida, confrontada, donde aparecen sentimientos racistas y xenófobos en el país otrora más abierto y tolerante del continente. Tendrá que definir el papel de los inmigrantes que ya viven en suelo británico; abordará el mandato de controlar y reducir el ingreso de inmigrantes, europeos o asiáticos, o de dónde vengan. Tendrá pues que administrar el inflamado espíritu insular que ha definido a los británicos por varios siglos.

En suma, la rifa del tigre, parece poca cosa.



Twitter: @LKourchenko

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