Opinión

Terrorismo y el Mundial

Hay diferentes formas de interpretar la decisión de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, de no asistir a la inauguración del Mundial 2014 que se realizará en la Arena Corinthians de Sao Paolo. Justifica Rousseff su inasistencia “para evitar posibles disturbios”. Tal vez otro motivo de peso es que la presidenta Rousseff quiere evitar una posible rechifla y abucheos por parte de los aficionados a menos de 4 meses de las elecciones presidenciales donde ella busca reelegirse.

El que ella no se presente en el acto inaugural, no sólo es una gran señal de debilidad política y de temor, sino también es un acto de terrible falta de cortesía y diplomacia, ya que 12 líderes mundiales habían confirmado su presencia en el partido inaugural, incluyendo al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y los presidentes Michelle Bachelet (Chile), Horacio Cartes (Paraguay), Rafael Correa (Ecuador), Evo Morales (Bolivia) y José Mujica (Uruguay).

Veintiún líderes en total ya habían confirmado su presencia en este Mundial 2014, incluido Tamin Bin Hamad al-Thani, emir de Catar, sede del Mundial 2022, y el primer ministro croata Zorán Milanovic que verá a su selección enfrentando a los anfitriones brasileños. Ya que Rusia organizará el próximo Mundial en 2018. Vladimir Putin tenía planeado asistir a la final el 13 de julio. Ángela Merkel verá a su selección enfrentar a Portugal en Salvador (el vicepresidente estadounidense Joe Biden planeaba estar en Natal (noreste) para el Estados Unidos-Ghana.

Habría que ver cuántos de estos líderes cambian su agenda debido a la histórica decisión de la presidenta Roussef de no participar en el primer juego del Mundial.

¿Cómo interpretar esta decisión? Hay varias posibilidades, por ejemplo: ¿Tratará de advertir a los otros líderes de la posibilidad de que algo malo podría ocurrirles?

¿La seguridad de la presidenta se ha visto comprometida y temen que atenten contra su vida? ¿Temor de un atentado en el estadio? ¿O será que simplemente quiere evitar la vergüenza de ser abucheada enfrente del secretario general de las Naciones Unidas y ser "balconeada" como la presidenta incapaz de organizar el Mundial y ante la posibilidad de que a su país le quiten la sede de las Olimpiadas en 2016?

Siempre que se congregan líderes mundiales en un evento internacional, aunque su objetivo sea deportivo, automáticamente toma un tinte de seguridad nacional. De hecho, muchas críticas se han hecho sobre las deficiencias de los organizadores de este Mundial, y el impacto que podría tener las protestas políticas y sociales. Pero poco se ha discutido el posible impacto en la seguridad mundial de tanta incompetencia y corrupción en la organización de este Mundial.

¿Piensan que exagero? Pues imagínense cuál sería el impacto en la economía y estabilidad del mundo de suceder un ataque en contra de un líder mundial. ¿Qué ocurriría de suceder un atentado terrorista?

Sí, terrorismo. Más allá de los problemas de inseguridad del crimen común que sufren algunas de las 12 ciudades donde se llevarán a cabo los diferentes partidos –3 de éstas se encuentran en la lista de las 15 más peligrosas del hemisferio–, ante las protestas y la desorganización, ¿qué capacidad tienen las autoridades brasileñas de anticipar y reaccionar ante un atentado terrorista? Poca.

Este Mundial 2014 en Brasil podría ser un excelente objetivo para algún grupo que quisiera aprovechar la desorganización de los anfitriones, atención de la prensa internacional y presencia de varios líderes mundiales que enfrentan amenazas de organizaciones terroristas. Otros factores que desafortunadamente podrían facilitar algún acto de violencia por grupos externos incluye la corrupción de las autoridades, el hecho de que habrá juegos en 12 ciudades (dividiendo aún más los recursos de la policía y el ejército), además de la existencia de la “Triple Frontera”, región entre Brasil, Argentina y Paraguay –nexo regional de armas, narcóticos y tráfico de personas, falsificación, contrabando y lavado de dinero, y fuentes potenciales de financiamiento de organizaciones terroristas. Y claro, 12 estadios llenos de espectadores, millones y millones de personas alrededor del mundo siguiendo cada minuto de esta contienda es obviamente un objetivo para cualquier organización violenta, por más pequeña que sea.

Pero sobre todo, el problema fundamental es la aparente debilidad de la presidenta Dilma Rousseff, quien ha demostrado temor de estar presente en el acto inaugural.

Esperemos que nada suceda. Pero… hay muchos incentivos y poca capacidad de detener a un individuo que tenga la determinación de llevar a cabo un acto que cambiaría para siempre la forma en que se lleven a cabo estos grandes eventos deportivos.