Opinión

Terrorismo fragmenta a la sociedad global

08 agosto 2016 5:0
 
1
 

 

El Estado Islámico se adjudicó el atentado. (Reuters)

Los actos terroristas de los grupos radicales islámicos provocaron alrededor de 38 mil muertos en el 2015 y en el primer semestre ya del 2016 ya suman más de 11 mil. La crueldad de la violencia de los atentados es inaudita: decapitaciones y violaciones, entre otras demenciales acciones; los fanáticos del Islam en nombre de su fe asesinan a mil mujeres cada año acusadas de adulterio o de haber tenido relaciones prematrimoniales, los denominados “crímenes de honor” son realizados por parientes de las víctimas, quienes de acuerdo a las reglas de la Saharia (Ley Islámica) tienen derecho a matarlas sin recibir castigo, por el contrario, limpian el honor de la familia.

Con frecuencia los milicianos del Estado Islámico (EI) secuestran a niñas y adolescentes, sobre todo cristianas, a las que utilizan como objeto sexual y las convierten en prostitutas. La cultura del Islam en general se caracteriza por ser misogínica.

En este contexto, Europa ha vivido una ola de atentados de yihadistas que han causado alarma en las principales ciudades del Continente; Francia ha sido la más afectada en los últimos 18 meses con cientos de muertos y heridos; el tercer golpe terrorista se registró en NIZA cuando un camión conducido por un francés de origen tunecino arrolló a una multitud y dejó 84 muertos y decenas de heridos, en el Día Nacional del país (14 de julio); previamente, el 9 de noviembre del 2015, Salah Abdeslam y Mohamed Abrini y otro grupo de hombres, realizaron 6 ataques en París dejando 130 muertos y 300 heridos. El último episodio terrorista se llevó a cabo en la última semana de julio en un pequeño poblado de Saint Etienne – de Rouvray, cerca de Rouen en Normandía; dos individuos entraron en una iglesia y obligaron a un cura de 86 años a arrodillarse y gravaron la escena de su degollamiento. El Papa Francisco condenó este asesinato del sacerdote y afirmó que muchos cristianos inocentes han muerto por que “el mundo está en guerra, porque ha perdido la paz”; en este ámbito, cabe mencionar que el 18 de noviembre del 2015 el EI puso en circulación un video en el que amenazaba con izar su bandera en la Plaza de San Pedro en el Vaticano, mencionó: “conquistaremos Roma, quebraremos sus cruces y esclavizaremos a sus mujeres con el permiso de Alá”; ante esta amenaza, el gobierno de Italia ha desplegado un gran dispositivo de seguridad.

Francia lleva 8 meses en estado de excepción y su Parlamento se ha visto precisado a prolongarlo por otros seis meses más. Asimismo el presidente francés, Francois Hollande anunció el 28 de julio pasado la creación de una Guarda Nacional, que estará compuesta por miembros de las reservas operativas de civiles voluntarios y militares jubilados; el ministro del interior, indicó que más de 250 mil voluntarios se habían presentado, a la espera de que se concrete la forma que tendrá este nuevo cuerpo armado, las reacciones han sido escépticas, sobre todo porque la inteligencia criminal que guía a los yihadistas utiliza individuos “fuera del radar de los servicios antiterroristas” en virtud de que los jóvenes que se radicalizan en la Guerra Santa del Islam (yihad) ha crecido geométricamente, en los últimos dos años se ha duplicado y ya son más de 9 mil los fichados por la policía; 850 de ellos han sido llevados a centros de “desradicalización yihadista”. En Francia hay más de 100 barrios parecidos al de Molenbeek de Bruselas, Bélgica, de donde salieron los terroristas que realizaron los atentados de París en noviembre pasado. Estos barrios se han convertido en el símbolo de los suburbios europeos deprimidos con el adecuado caldo de cultivo para la radicalización.

De los barrios franceses mencionados han salido buena parte de los 635 franceses identificados que hoy combaten en Siria o en Irak con el EI y los 224 que ya han regresado y están en la cárcel o sometidos a una estrecha vigilancia policial.

Los actos terroristas en pequeña escala se extendieron en julio a Wurzburgo y Ansbach en Alemania, fueron cometidos por migrantes que llegaron a ese país como refugiados; no obstante, la Canciller Angela Merkel consignó que no cambiará su política para acoger a los refugiados: “los refugiados serán protegidos como establece la Convención de Ginebra”. Por otra parte, anunció un plan de nueve medidas para luchar contra el terrorismo, el punto más controvertido plantea una posible intervención del Ejército en caso de un ataque grave; Merkel señaló que el Ejecutivo autorizará ejercicios conjuntos de militares y policías, para estar preparados para un eventual despliegue en suelo alemán en caso de un gran atentado terrorista; por lo demás, Alemania seguirá participando en la coalición internacional que lucha contra el EI en Siria e Irak o con aviones que realizan labores de reconocimiento y abastecimiento en vuelo. Asimismo, el gobierno alemán ha planteado la construcción de instalaciones propias en la base turca de Incirlik, donde salen bombarderos para atacar las posiciones del EI en Siria.

El entorno de odio que se vive en Europa no solo gira alrededor de las acciones de los yihadistas; en este sentido, en suelo europeo se han intensificado los sentimientos xenofóbicos; ciertamente, los delitos de odio en la Gran Bretaña han aumentado de manera significativa después de la victoria del Brexit en el referéndum del 23 de junio pasado; miles de denuncias se han presentado por el creciente clima de hostilidad contra nacionales europeos y de otras comunidades étnicas; al final de cuentas la campaña que precedió el Brexit se centró en el control de la inmigración.

La violencia también esta desatada al otro extremo del Atlántico. En San Bernardino, California, el 2 de junio del 2015, se escenificó un tiroteo en el que una pareja estadounidense de origen paquistaní mató a 14 personas e hirió a más de 20; de acuerdo al FBI, la pareja “estaba radicalizada”. En Orlando Florida, un solo individuo estadounidense de origen afgano mató con armas de fuego a 49 personas e hirió 53 el 12 de junio pasado. Más recientemente, en julio fueron baleados menores de edad que asistían a una fiesta juvenil en Fort Meyers, Florida, una población de 69 mil habitantes distantes a 257 km de Miami. Murieron 2 personas y otras 17 fueron heridas. La policía está investigando el móvil del tiroteo a jóvenes indefensos.

Por otra parte, fuentes del Servicio de Inteligencia Argentino a medios de comunicación extranjeros, informaron que una célula activa del EI actúa desde hace un tiempo en la provincia de Corrientes, en la zona fronteriza entre Argentina y Brasil, quizá con miras a realizar un atentado en las instalaciones de los Juegos Olímpicos que se realizan en Brasil durante agosto.

Al parecer las matanzas colectivas se están convirtiendo en una amenaza creciente en todo el mundo. El 26 de julio pasado en Japón, un antiguo trabajador de una residencia de discapacitados en la prefectura de Kanagan, entró a esta y con un arma blanca asesinó a 19 personas. El atacante que había sido ingresado a un hospital siquiátrico el 12 de marzo y autorizado a salir 12 días después, “en virtud de que su estado había mejorado y ya no suponía ningún riesgo”, expresó “que podía eliminar a 470 personas discapacitados”. La amenaza para la sociedad de gente con enfermedades mentales, sean yihadistas, políticos o personas comunes, es real; la experiencia más dramática en este ámbito, la vivió el mundo con Hitler y su camarilla de melógamos.

También te puede interesar:

Futuro incierto de la economía global

Se multiplican los atentados del Estado Islámico

Mario Vargas Llosa. Activista propalestino