Opinión

Terminó la fiesta de las materias primas


 
 
En los últimos doce meses, el precio de las materias primas en el mundo ha descendido en 12%, medido en dólares, de acuerdo con las más recientes cifras de The Economist.
 
El precio de los alimentos, en particular, cayó en 17.6 por ciento. El de los metales también viene para abajo, aunque a menor ritmo, pues descendió en 3.4%.
 
 
Este comportamiento puede cambiar de manera importante el ritmo de la economía mundial y pegarle a las economías más dinámicas de América Latina, así como a Rusia, o algunas de África.
 
 
Esta historia comienza en China. Cuando el gigante se mueve, afecta casi a todo el mundo.
 
Entre 2000 y 2010, la economía de China creció a un ritmo de 10% anual en promedio; y, en particular en el lapso 2005-10, mientras el mundo sufría una fuerte recesión, alcanzaba un ritmo anual medio de 10.6%.
 
 
A la par que China, crecían de manera acelerada los precios de las materias primas. En esa década, el índice de las commodities que calcula el FMI creció en 139.7%. Esto significa un incremento promedio de 8.7%.
 
La economía china no sólo creció aceleradamente sino cambió estructuralmente.
 
Al urbanizarse, generó una altísima demanda de metales, cemento y diversos minerales. Al vivir en las ciudades, los chinos cambiaron su dieta e incluyeron una mayor proporción de proteína animal. Para producirla, se aumentó fuertemente la demanda de cereales, como el maíz y la soya.
 
El resultado de todo esto fue que a las economías que se especializaron en la producción de materias primas les fue muy bien. Le refiero sólo tres casos de América Latina.
 
En esta década que analizamos Perú logró crecer a un ritmo promedio de 5.5% al año; Argentina lo hizo a un ritmo de 4.2% y Brasil a una tasa de 4.3%. Y México, un triste 1.6%.
 
Pues todo eso va a cambiar.
 
La economía china tiene un ritmo consistentemente más lento. En el segundo trimestre de este año creció sólo al 7.5% y todo indica que ya no va a regresar más a esos ritmos de 10% o más. Algunos pronostican que podría crecer menos de 7%.
 
Los problemas estructurales y su propio tamaño la van a frenar.
 
 
Por lo tanto ya no será esa gran aspiradora de materias primas que ponía los precios del cobre o de la soya en el cielo.
 
 
De hecho, es probable que los precios de las materias primas continúen algunos años más bien con una tendencia a la baja.
 
 
Esto quiere decir que los países cuyas economías dependían en gran medida de esos elevados precios y que gracias a ellos tuvieron una gran dinamismo en la primera parte de este siglo, no van a ver hacia delante sus mejores años.
 
 
México perdió frente a América Latina en la primera década del siglo. Nos pegó más duro 'el catarrito'.
 
Pero, un país que no depende de los precios de las materias primas sino de una industria manufacturera más diversificada y con capacidad de exportación, va a rebasar a América Latina cuando la economía de Estados Unidos empiece a crecer un poco más.
 
 
Adicionalmente, la industria mexicana es ya más competitiva, por lo menos en los sectores que ya son fuertes exportadores a nuestro vecino del norte.
 
 
No sería nada raro que en el lapso de 5 años, si México hace las reformas necesarias, deje atrás en cuanto a ritmo de crecimiento a la mayorías de las economías de América Latina.
 
 
Claro que esto es una mera posibilidad. Si se repite la historia de años anteriores y la clase política se muestra incapaz de cambiar realmente las reglas del juego, podemos perder de nuevo la oportunidad que se abre al país.
 
 
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