Opinión

Telenovela presidencial:
¿Por qué se colapsó
el 'rating'?

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pareja

En Estudios Los Pinos están perplejos. El casting fue riguroso: el joven, guapo, probado entre los televidentes del Estado de México, era ideal para el rol de presidente. Ella, su consorte, ya era ampliamente conocida y popular a nivel nacional. El guión era impecable: victoria rotunda sobre otros actores desprestigiados y una agenda transformacional desde el primer día, con un fuerte clímax al quitarle, por fin, el tufo nacionalista al petróleo. De ahí al despegue económico, con el actor principal arrollando con su carisma y popularidad, y además sin despeinarse en medio de las numerosas escenas de acción.

Los primeros capítulos cumplieron la expectativa casi el pie de la letra, con la serie conocida como Mexico Moment, Yes! El disciplinado actor principal (perfectamente acicalado) invadía las portadas internacionales mientras forjaba coaliciones en el Congreso para aprobar las reformas estructurales (dificilísimo papel que había derrotado a sus antecesores, sobre todo al ranchero guanajuatense). Un Óscar, de perdida un Ariel, era inminente.

Pero una desaseada reforma fiscal y errores con el sector de la construcción provocaron resquemores con los empresarios, golpeando la inversión. El crecimiento estancado se trató de arreglar con un fuerte aumento en el gasto, de paso permitiendo el reparto de obra pública a los patrocinadores, un modelo ya ensayado en Toluca. El PIB siguió sin reaccionar; muchos televidentes se decepcionaron ante un “gobierno de resultados” sin impacto en los bolsillos.

El peor error de cálculo fue pensar que los villanos de la temporada anterior, los cárteles (elevados a nivel estelar por el actor principal previo, oriundo precisamente de tierras candentes del narco), podían eliminarse del guion. El cambio de narrativa fue efectivo un tiempo, pero inútil. Se reinsertaron a sangre y fuego, con un capítulo catastrófico grabado en el set de Iguala. El actor principal perdió más puntos de rating en el episodio en que marcaba, sin respuesta, el número 911 pidiendo ayuda. Resultó evidente que la actuación improvisada no se le da, además de que el teleprompter se descompuso por uso excesivo (sigue en reparación).

Igualmente grave fue suponer que debía deslumbrarse a los televidentes con un espectáculo de ostentación. La fórmula, probada por el duopolio televisivo, era el derroche presentado como un derecho bien ganado a cambio de la dura labor, apelando particularmente a las aspiraciones de la ama de casa clasemediera. El despliegue de mansiones, vestimentas y viajes tuvo el efecto contrario. La arrolladora cobertura en la prensa del corazón no conquistó. Al contrario, ofendió. Los cuestionamientos sobre el origen de esa riqueza con tanta alegría presumida se encadenaron con abusos similares por parte de actores secundarios. Grabaciones no oficiales de escenas que se suponía nunca verían la luz encontraron un auditorio ávido en YouTube, cimentaron al desastre.

El problema es que no se puede cancelar la telenovela de manera anticipada; los contratos del actor principal y su elenco vencen hasta 2018. La principal esperanza reside en la reparación del teleprompter.

Twitter: @econokafka

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