Opinión

Tecnología sin control

Aún hoy, con evidencias encontradas, el término “tecnología” genera temores y expectativas como una forma de mejorar la salud o de perderla. El término “tecnología médica de punta” significa negocio para muchos hospitales, con el fin de no quedarse atrás en el usufructo de un instrumento costoso y complicado para la salud, pero en el cual no se tiene tiempo de generar la protección para la aplicación irrestricta de esa “tecnología”.

Existe una cerrada competencia entre las corporaciones que diseñan y fabrican la “nueva tecnología médica”. El mercado está ávido de crear nuevos usos con esa tecnología, pero la preocupación no desaparece. En los hospitales crece el peligro de toda tecnología que se lanza al mercado sin madurar, ya que se descuida la falta de
experiencia-capacitación de los médicos en el uso de máquinas más complicadas, que generan mayores dosis de radiación y los hospitales, aun los de cuatro estrellas,  no se han preocupado en desarrollar sistemas de protección para sus pacientes que anticipen errores de cálculo en las emisiones radiactivas con instructores de las firmas fabricantes aún presentes en los hospitales.

Me ha tocado ver en hospitales mexicanos caros que son las enfermeras de oncología las que suelen darse cuenta que la emisión radiactiva y el uso de quimioterapia química no es la correcta. Esto enfurece a los oncólogos.

Lo anterior preocupa sobremanera. Los pacientes no están debidamente conscientes entre la aplicación de tecnología de punta en un hospital y la creciente falta de protección y vulnerabilidad.

Aún en Estados Unidos las sobredosis de radiación no son reportadas
-aunque en el hospital todos lo saben- a las autoridades médicas, ya que no hay un plan escrito de una actuación médica errónea para obligar a los hospitales a que la reporten como una forma de aprendizaje.

Toda tecnología genera sus propios peligros creándose nuevas posibilidades para errores, siendo cada vez más difícil detectar a tiempo las fallas destructivas. Así los ingenieros y los médicos se benefician de las nuevas tecnologías. Los pacientes son los que las sufren.

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